sábado, noviembre 28, 2009

Comisión Europea

Joaquín Almunia ha sido "ascendido" a Comisario de la Competencia. Tendrá que decidir o terciar en temas como la fusión de las cajas o... las atascadas subvenciones del cine español. Esperemos que no se deje llevar por los colores. Al final habrá nueve mujeres de entre veintisiete integrantes, una tercera parte. No es ninguna maravilla pero ya es más de lo que se barruntaba hace unos días -que sólo habría cuatro o cinco- y que motivó muchas protestas. El reparto de carteras responde a lo ocurrido en las últimas elecciones a la Eurocámara y en los países miembros: aumento de conservadores y liberales y descenso de socialistas. Pero el Parlamento Europeo y la Comisión ya tenían mayoría de derechas antes, de modo que no cabe hablar de que haya ahora un "giro a la derecha", como hace quien escribe para Público.

Lo peor es que, junto al secretismo con que se eligieron el otro día los cargos de presidente vitalicio y responsable de Exteriores, en la elección de los miembros de la Comisión también hay un componente que contribuye a alejarles de la ciudadanía: a mí me resulta intolerable que por culpa de las componendas políticas o los equilibrios de poder dentro de la UE, haya un comisario por cada país, porque sí. Es bastante probable, por simple estadística, que alguno de ellos no dé la talla, o que en algún país haya más de una persona preparada para ocupar estos puestos, pero como sólo puede entrar un nacional de cada estado, pues se quedan fuera. Y esa razón se suma a otras muchas por las cuales la gente, o no se siente europea, o no se siente implicada, y luego no van a votar a las elecciones al Parlamento Europeo. Y luego te encuentras con que el PSOE, que en la campaña había recurrido al miedo a la derecha, vota de forma mayoritaria para que Durão Barroso siga al frente de la Comisión. Así es muy difícil sentirse europeo.