sábado, abril 09, 2011

A veces se puede sobrevivir sin la tecnología

Mi querida amiga la comunicadora me acaba de dar, sin saberlo, la idea para esta entrada. A veces te cruzas en la vida con personas que te inspiran. Ella lo hace casi sin querer.

¿Qué pasa cuando alguien no tiene Twitter ni Facebook?

Me dirán: ¿cómo es ello posible? ¡Estás bromeando! No puede haber alguien sin cuenta en Twitter y/o Facebook... Pues lo hay, o lo debe de haber. O si no alguien, como otra amiga mía, que ha decidido prácticamente renegar del uso del teléfono móvil.

Puestos en esa tesitura, de alguien sin Twitter, o sin Facebook, a a quien no poder contactar por el móvil, algo rarísimo en estos tiempos que corren... ¿cómo ponerte en contacto con estas personas? ¿Cómo decirles "hola", "gracias" o preguntarles cómo se encuentran?

Bien, pues aún (junto al correo electrónico, claro) quedarían el encuentro personal directo, en carne y hueso, o la vieja carta de papel. ¿Recuerdan cómo se hace o se les ha olvidado? Se coge una hoja en blanco, se escribe en ella lo que quieres decir, se mete dentro de un sobre, éste se cierra con saliva o pegamento por el reverso, y donde escribes tu nombre, apellidos y dirección postal (remitente). Por delante (anverso) lo mismo pero del destinatario y a mayor tamaño. A continuación se pega un sello en el ángulo superior derecho y se echa a un buzón (son esas cosas amarillas con una ranura que hay por la calle) o se llevan a una oficina de Correos.

Yo vengo haciendo eso desde pequeño y aún lo hago. Y sigo pensando en que a veces tanta herramienta no puede superar al contacto directo, o a una humilde carta de papel. El e-mail está bien, eh, pero tras una carta de papel hay algo más. Has puesto parte de ti mismo en esas palabras escritas (a mano, no impresas). Parte de tu alma viaja con la carta para sentirte más cerca de quien la recibe, y para que quien la recibe sienta más cerca a su emisor. Una parte de ti se ha trasladado junto al receptor de la carta. Con ello, cada vez que esa carta es leída, la distancia geográfica entre las dos personas desaparece. La temporal también: con cada nueva lectura, las palabras escritas recobran su fuerza.

Tú has pensado en el receptor cuando escribías la carta, y éste piensa en ti cuando la lee y es consciente de que le importas. Aparte de la ilusión que pueda generar una carta cuando es recibida. Creo que eso aún no lo puede dar el correo electrónico, aunque se le parece. Sobre todo si, como suelo hacer yo, se redactan los correos electrónicos igual que las cartas de papel: con destinatario único, y pensando de forma específica en dicho receptor. A veces Internet puede hacernos olvidar que hay personas al otro lado de las herramientas.

No estoy diciendo que se renuncie a dichas herramientas, solo que pienses en que hasta hace poco no teníamos nada de eso, por mucho que nos parezca que ahora no podríamos sobrevivir sin ellas. Y que estas herramientas no lo son todo. De hecho, dichas herramientas no serían lo que son si no hubiera nadie utilizándolas, o bien habría otras diferentes.

Nota: porque, además, ¿qué pasaría si una tormenta solar se carga nuestra red de comunicaciones, dependiente de los satélites?

Yo escribo cartas de papel a un grupo muy reducido de personas. Creo que las podría contar con los dedos de las manos. Si me lees y resulta que estás en ese grupo, es fácil la conclusión a la que puedes llegar.

Con toda probabilidad, esto que acabo de escribir es indicativo de que "me estoy haciendo mayor". En plan carcamal, vaya.

¿Puedo hacer una tesis o una investigación universitaria sobre la utilización de las redes y las herramientas sociales si estoy diciendo que éstas no lo son todo? Por supuesto. Solo estoy indicando que un factor clave de las mismas es el uso, bueno o malo, que se les dé. La herramienta no piensa sola. Todavía alguien tiene que decirle qué hacer.

domingo, abril 03, 2011

Cien hechos sobre mí

Esta entrada viene a cuento de un hashtag (etiqueta) que ha estado circulando por la red de Twitter días atrás, que es #100FactsAboutMe. Es muy simple, consiste en recopilar cien hechos sobre uno mismo. Empiezo aquí y me pregunto si llegaré al último.

1. Mis primeros meses de vida los pasé en Torremolinos pero llevo toda mi vida en Benalmádena.

2. No llevo tatuajes.

3. No he fumado nunca.

4. No suelo llevar más accesorios personales que un reloj de pulsera analógico.

5. Llevo gafas (no lo he considerado "accesorio personal").

6. Odio los mosquitos y las cucarachas.

7. Me gusta ayudar y sentirme útil.

8. Tengo miopía y astigmatismo.

9. Tengo una pierna más corta que la otra, así que llevo calzado ortopédico.

10. A causa de lo anterior, tengo una ligera desviación de columna.

11. Me gusta el sushi y me manejo, más o menos, con los palillos.

12. El plato que me sale mejor es el pollo empanado. No es gran cosa, pero lo de pringarme con harina, huevo y pan me entretiene bastante.

13. Tampoco le hago ascos a ponerle ingredientes a la base de pizza. En concreto, me gusta hacer una que lleve jamón cocido, champiñones, aceitunas y atún (salsa de tomate y queso rallado aparte, claro).

14. El apellido de mi madre se escribe con "v" y el mío con "u".

15. Nací de forma prematura y estuve unas semanas en la incubadora.

16. Desde pequeño iba a Helsinki (Finlandia) casi dos veces por año, en verano e invierno. La última vez fue en 1992.

17. He viajado en aviones de Iberia, KLM, Lufthansa, British Airways, Finnair, SAS, Swissair, Air Futura y Air Nostrum.

18. No tengo carné de conducir. Ni coche, ni moto. Ni bicicleta. De pequeño tuve triciclo.

19. El mérito de que me abriera la cuenta en Twitter es de @Plastidecor.

20. Sé que no me visto a la moda. Y me da igual. Ah, y mi ropa me la compro yo.

21. Solo he tenido una consola o similar una vez. Una Gameboy. Y solo llegué a tener dos juegos. Uno de tuberías y otro de carreras.

22. Tengo ordenador e Internet desde 1997, coincidiendo con mi entrada en la universidad.

23. Regalo cosas a la gente que me importa a lo largo de todo el año, no solo en Navidad o cumpleaños.

24. Hice la apostasía. Sí, pude y que yo sepa aún no me la recurrieron. Creo que tuve suerte.

25. En el colegio me pasaron a Primero de EGB sin pasar por Preescolar o párvulos porque me hicieron una prueba de lectura y escritura y la pasé. El funcionario se ve que dijo que si me ponían en Preescolar me iba a aburrir.

26. Solo he repetido curso una vez. Fue en el instituto. Me quedaron Matemáticas, Física y Química y Latín. Un año tonto.

27. No me preocupa hablar en público.

28. En un curso de FPO hicimos de práctica algunos cortos. Aún guardo el disco.

29. Tengo muchos libros pero he terminado pocos. Soy más de leer prensa.

30. Soy hijo único.

31. He tenido cuatro residencias fijas, contando la actual.

32. Creo que tengo buena memoria fotográfica y para los nombres.

33. Una vez me cortaron el pelo al uno... ¿Porque perdí una apuesta? No. Porque la gané.

34. He estado en los aeropuertos de Málaga, Barajas, El Prat, Heathrow, Gatwick, Göteborg, Copenhague, Lanzarote, Melilla, Tenerife Sur, Schipol, Helsinki, Zurich y Frankfurt.

35. He estado en Melilla, Murcia, Toledo, Granada, Madrid, Lanzarote (Playa Blanca, Yaiza), Fuerteventura, Barcelona, Sabadell, Hospitalet, Cártama, Macharaviaya, Benagalbón, Marbella, Antequera y Nerja. Y por supuesto en Fuengirola, Torremolinos, Mijas, Málaga y Benalmádena. Creo que no me he dejado nada.

36. Hice un crucero por el Báltico.

37. Creo con bastante certeza que mi primer móvil fue un Nokia 5110.

38. No me gusta mentir. Ni que me mientan.

39. No me gusta que vengan y me toquen el pelo (salvo en la peluquería, ojo).

40. No me gusta que me toquen en el hombro.

41. No me gusta que me vengan por detrás.

42. No me gusta que me vengan por detrás y encima me hagan el número 39 o el 40.

43. En el tren o el autobús me gusta sentarme a favor de la dirección del transporte, no de espaldas.

44. Como complemento al 43, si puedo sentarme prefiero pasillo antes que ventana.

45. Tengo dos primos en Canarias, tres en Plasencia, cuatro en Francia y cinco en Málaga.

46. Creo que se me da bien animar a la gente.

47. No me gusta ir a la playa. Al menos no a tomar el sol.

48. Apenas he nadado en mi vida. Pero sé cómo se hace.

49. Soy licenciado en Periodismo (vaya novedad).

50. Hasta que acabe esta legislatura, soy consejero de la empresa municipal Innoben.

51. Se supone que también estoy en la Comisión Municipal de Salud, pero ésta apenas se ha reunido un par de veces en los últimos cuatro años.

52. De pequeño sabía sueco y finlandés. Ahora ya casi no. Hay que retomarlo.

53. Ahora sé más catalán que sueco o finlandés.

54. Siempre he sido un desastre en Matemáticas. Al final en el instituto me aprobaron por pena.

55. Tampoco se me dan bien las manualidades, aunque intento dibujar y de pequeño hice algo de "petit point", algo que estoy haciendo de nuevo.

56. Sé planchar.

57. También he descuidado el aprendizaje del francés, aunque recuerdo cosas.

58. En cambio con el inglés creo que me defiendo bastante bien.

59. Si se me ocurre algo tengo que escribirlo o transmitirlo cuanto antes, por si se me olvida.

60. Si alguien se gana mi amistad y mi confianza, mi lealtad hacia esa persona será incondicional.

61. Me gusta hacer preguntas. Ser periodista te permite saber cosas de los demás sin que tengas que contar cosas sobre ti mismo.

62. Mi mejor amiga no vive en Málaga.

63. Me muerdo las uñas de las manos.

64. Antes de algún viaje o evento social importante suelo ir a arreglarme las cejas.

65. Aún escribo y mando cartas de papel.

66. Odio las faltas de ortografía (y de gramática).

67. Suelo escribir los SMS con todas las letras, tildes y signos de puntuación.

68. No soy perfeccionista, solo detallista.

69. Recuerdo los cumpleaños de las personas importantes sin tener que mirarlo en ninguna parte. Sin dar nombres: 15 de febrero, 2 de marzo, 17 de junio, 15 de octubre, 20 de octubre, 23 de octubre, 10 de noviembre, 8 de diciembre, 20 de diciembre.

70. Me gustan el manga y el anime. Un día quiero viajar a Japón.

71. Me gusta la música clásica. Como supongo que mucha otra gente, Bach, Beethoven y Mozart son mis preferidos.

72. Pese a mi edad, aún veo dibujos animados (y películas de animación). Es de lo poco que se salva de la televisión y el cine que se hacen actualmente.

73. Siempre me han gustado las series policíacas en televisión.

74. Me considero una persona romántica. Por desgracia parece que eso está pasado de moda.

75. Me gustan los guisos de legumbres: lentejas, garbanzos, alubias...

76. Siempre me han gustado la Historia y la Geografía.

77. He hecho un total de cuatro cursos de FPO. El último fue de locución, presentación y control de sonido en radio.

78. Una vez gané un certamen de relato corto.

79. Una vez mi clase del instituto quedó segunda en el torneo de futbito. La copa la guardo yo. Y eso que no jugaba.

80. Nunca pude saltar el plinto o dar una voltereta en clase de gimnasia.

81. Estoy operado tres veces del tendón de Aquiles.

82. He tenido sarampión y varicela.

83. Una vez rompí un jarrón al intentar bajarlo de donde estaba para limpiarlo.

84. No soy borde, aunque a veces soy demasiado directo o me falta tacto.

85. Una vez hice un muñeco de nieve. Y medio iglú.

86. He dado de comer a ardillas en mi mano.

87. Me gusta hacer la compra, pero a veces pierdo mucho tiempo buscando y mirando las etiquetas.

88. Soy bastante goloso.

89. En mi vida me han gustado tres chicas. Ahora mismo no sé si me gusta una o no.

90. Sé guardar secretos.

91. Me gustan las chicas morenas o castañas antes que las rubias. No he conocido suficientes pelirrojas como para poder opinar.

92. Solo tomo bebidas con alcohol en las comidas o en reuniones.

93. Suelo ir al cine en las sesiones de tarde, cuando menos gente hay.

94. Me gusta sacar fotografías.

95. He viajado en automóvil, autobús, moto (pasajero), barco, avión, metro, tren y tranvía.

96. He plantado árboles un par de veces.

97. Un año en el instituto fui delegado de clase.

98. Me gusta la puntualidad. Odio llegar tarde o que me hagan esperar.

99. Quiero tener pareja porque uno de mis miedos es morir solo, pero el tema de la descendencia me importa nada y menos.

100. Soy agnóstico pero me gusta celebrar mi santo.

Del periodismo de calle a la docencia

Por si ustedes no lo saben, desde que empezó la crisis económica vino también una crisis de la prensa. Como producto de la primera, o más bien con la excusa de la misma. Sobre todo en la prensa escrita. Entre potenciar las capacidades, los conocimientos y la experiencia de la plantilla existente, sobre todo se ha dado en prensa escrita el fenómeno de "adelgazar" las redacciones. En lugar de los periodistas curtidos, que conocían las fuentes y cómo moverse, se ha contratado a becarios que cambian cada poco o no se les pasa a fijos, y que como no conocen las fuentes, o no contrastan las informaciones o lo sacan todo de Internet. También por falta de tiempo, entre otras cosas. O se vuelve a hacer presente el problema del intrusismo.

Según el Informe de la Profesión Periodística 2010, dirigido por el profesor de la UMA Pedro Farias Battle por encargo de la Asociación de la Prensa de Madrid, desde el verano de 2008 la crisis económica general se ha traducido en que del orden del 20 por ciento del empleo del sector periodístico ha desaparecido y han empeorado las condiciones de trabajo de quienes lo mantienen, especialmente colaboradores y periodistas sin convenio de empresa. El frío dato estadístico es demoledor: los medios, de forma generalizada, han continuado con las políticas de reducción de plantillas como medida para hacer frente a la crisis, dejando unas redacciones menguadas (5.564 periodistas en paro en 2010 y 3.588 trabajadores afectados por ERE, cierres, recortes y prejubilaciones desde 2008) que tienen que hacer frente a sus exigencias diarias con menos recursos. Lo que evidentemente deriva en una información hecha con más prisas y un peor resultado final. La cada vez más creciente politización e ideologización de los medios, desde luego, tampoco ayuda lo más mínimo.

Coincido con una apreciación hecha por el doctor Farias al hilo de las cifras citadas en el Informe: unos 2900 licenciados, pero sobre todo más de 18.000 matriculados anuales, y 37 facultades con estudios de Periodismo o Comunicación en España son demasiadas y el mercado no puede absorber semejante volumen de aspirantes a un empleo. Pero ello no debe servir de excusa, puesto que junto a periódicos, radios, revistas o televisiones también se hallan gabinetes de prensa y relaciones públicas, por ejemplo. Tanto de instituciones públicas como de empresas. Sin embargo, que existe un déficit en el sistema educativo que luego se traslada al mercado laboral, resulta evidente.

Yo soy periodista. Se sorprenderán quizá si les digo que soy una persona tímida. ¿Cómo un tímido puede ser periodista? Bueno, un profesional tan reconocido como Iñaki Gabilondo ha dicho en repetidas ocasiones que él es tímido. ¿Cómo se explica? Bien, en mi caso puedo decir que cuando me pongo mi "traje de periodista", o sea me mentalizo, se produce en mí una transformación. Si no, es difícil explicar que les haya hecho fotos y preguntas a Manuel Chaves como presidente de la Junta, a Magdalena Álvarez como ministra de Fomento, o que haya entrevistado y hecho preguntas sin problemas a los dos últimos alcaldes de mi localidad y a media corporación municipal, a la Consejera de Salud andaluza, al presidente de la Ciudad Autónoma de Melilla, a una senadora o al anterior Obispo de Málaga. Me pongo más nervioso cuando veo a algún amigo o amiga que cuando tengo enfrente a un político, para que se hagan ustedes una idea.

Como le recuerdo haber leído y escuchado a Gabilondo, el periodismo ejerce una función de servicio público, es decir, de servicio por y para los demás. Si eres egoísta, si no te preocupas por los demás, no puedes ejercer este oficio. El derecho a la información, en verdad, pertenece a los ciudadanos, pero es ejercido por los periodistas, que tienen delegado este derecho, y ejercen, ejercemos por tanto de intermediarios y mediadores entre la población y los poderes públicos, civiles, militares o religiosos, a los cuales la población no tiene la posibilidad, normalmente, de acceder para hacerles llegar sus inquietudes y demandas. Y hacemos, o debemos hacer llegar a la población, la llamada información de interés general, esa que deben de conocer. No sólo quién es su alcalde o presidente de comunidad autónoma o de Gobierno y qué ha hecho, sino qué leyes u ordenanzas han aprobado, porque les afectan, tales como la subida del agua, del gas o de la luz, los precios, la telefonía, etcétera. Aunque luego pasen de esas informaciones como de la peste y se pongan a ver en televisión lo peor de lo peor: los periodistas debemos trasladar esas informaciones que el ciudadano debe conocer, quiera o no. Que haya salido una nueva iPad, por ejemplo, no es información que deban conocer los ciudadanos, pero si ésta tiene un fallo masivo que afecta a su funcionamiento, sí, para que como consumidores estén advertidos de cómo han de proceder para reclamar.

Por desgracia muchos periodistas han olvidado su verdadera función y se han convertido o en estrellas mediáticas o en correas de transmisión, con lo que el oficio ha perdido credibilidad y está muy desprestigiado de cara a la opinión pública. No obstante, cuando en el Informe se les pregunta a los profesionales, resulta que el 72,9 por ciento de los periodistas no cambiaría de profesión, dato que viene a confirmar un año más el carácter vocacional del periodismo, lo que supone un pequeño rayo de esperanza. La mayoría de los profesionales encuestados sigue creyendo en este oficio. Dicho lo cual, este año me tocó participar en la encuesta.

El informe contó asimismo para su elaboración con la participación, entre otros, de Francisco Javier Paniagua, Marisol Gómez Aguilar, Bernardo Gómez Calderón, Teodoro León Gross y Sergio Roses, que, junto al profesor Farias, han llevado algunas de las asignaturas del Máster Oficial de Posgrado en Investigación en Comunicación Periodística que estoy cursando.

Y esa es otra: al no encontrar trabajo, las herramientas y las concepciones que se utilizan para desempeñar la labor periodística van cambiando, y te puedes quedar anquilosado. De modo que para actualizar mis conocimientos, prestigiar mi hoja laboral y no quedarme parado en mi casa como un vegetal, me matriculé en el Máster que acabo de citar. Cuando éste haya finalizado, a lo más tardar en diciembre, será el momento, casi inmediato, sin apenas tiempo para descansar, de ir dándole forma a lo que debe ser mi tesis doctoral. Dicen que te puedes eternizar, que te quita tiempo de hacer cualquier otra cosa, pero mi objetivo sería tenerla lista y presentarla en año y medio, o dos años como mucho. Luego sería el turno de irse ganando un puesto como profesor universitario, con sustituciones, estancias en otras ciudades y países, asistencia a congresos... Pero esa será otra historia.

El caso es que cuando empecé a asistir a este Máster, no pasaba por mi mente la idea de hacer la tesis y de encaminar mis pasos a la docencia, algo que contemplaba únicamente como una posible alternativa a tomar en caso de que el mercado laboral siguiera tan imposible como hasta ahora. Pero ahora mismo, pasados varios meses, la idea del doctorado y del profesorado universitario ha ido cobrando más fuerza. Nunca creí que me vería dando el posible paso del periodismo de calle al aula, de ahí el título de esta entrada, pero ahora mismo es la posibilidad más firme. Siempre se me ha dado bien hablar para audiencias reducidas, así que habrá que ir pensando, timidez aparte, en hacerlo para un auditorio de un centenar de jóvenes que se presentarán con la falsa ilusión de que la universidad sirve para algo, y que habrá que intentar que la conserven.

Postdata. Resultó muy curioso lo de mi primer encuentro con la Consejera de Salud, María Jesús Montero. Yo me hallaba en el Hospital Marítimo de Torremolinos, al que había acudido para una consulta, y de golpe y porrazo me encontré allí a la susodicha. Tras preguntarle al compañero del Diario Sur para Benalmádena y Torremolinos, que allí se encontraba, en qué consistía el asunto (la inauguración de un edificio rehabilitado del recinto para que sirviera como habitaciones para el área de pediatría), allá que fui a pedir la nota de prensa, a sacarle fotos con el móvil y a tomar buena cuenta (mental) de lo que decía. No llevaba ni lápiz ni papel pero mi instinto fue más fuerte: muchos vecinos de Benalmádena requerían por entonces acudir a ese hospital para operarse, porque nuestra ciudad carecía de uno, y como yo escribía para un medio de mi localidad, esa noticia nos afectaba. Después mi compañero me cedió alguna imagen de mejor calidad. El segundo fue un par de años más tarde, con motivo de la inauguración del Centro Hospitalario de Alta Resolución, esta vez sí, en Benalmádena. En el exterior del recinto había una protesta sindical de la que pocos medios se hicieron eco y al día siguiente de aquel acto, que también contó con la presencia de Manuel Chaves, estalló en pedazos (noviembre de 2007) la coalición de gobierno que regía la localidad en aquellos instantes. Pero esa sí que es otra historia...