sábado, septiembre 10, 2005

Un presidente al que creíamos distinto

¡Qué desilusión! Esperaba otra cosa de Florentino, ese presidente que llegó con tan buenas maneras, que junto a su oponente en el Barça, Laporta, parecía anunciar una nueva época del fútbol español. Pero está claro que la inhalación directa de la gloria del fútbol avería las cabezas. ¿Quién nos iba a decir que Florentino iba a descararse en un control de aeropuerto hasta el punto de quedarse en calzoncillos e insultar al guardia civil? ¡Todo un señor, como parecía! ¿Quién nos iba a decir que se iba a apoyar en su antecesor, Lorenzo Sanz, del que tanto despotricó, para mangonear al simplón de Villar en la Federación!

Y lo cuenta. Lo dijo anteayer en una charla ante estudiantes: decidió su voto a la Federación porque el otro candidato era barcelonista y claro, podía hacer efectivo el cierre del Bernabéu por aquel cochinillo que le tiraron a Luis Enrique en tiempos de Lorenzo Sanz. También dijo que los recientes acuerdos con el Sevilla eran para que Del Nido no impugnara la resolución que impedía el cierre del Bernabéu. Ya antes de todo eso fabuló la existencia de un gran acuerdo de marketing con China, puro cuento chino. Y ahora va y se mete en política, colocando al Madrid como propagandista de un nuevo estatuto de la comunidad autónoma.

Ese estatuto es la preocupación número diecisiete de los ciudadanos de la comunidad, pero esos políticos que hacen carrera cultivando lo peor del casticismo madrileño han levantado bandera de que con los impuestos de los madrileños no hay que pagar Ceuta y Melilla, y a Florentino sólo se le ocurre prestarse a su juego y meter al club en ese jardín. ¿No será que se metió en el Madrid para hacer política...? (¿Eh? ¿Qué? ¿Que no es Florentino sino Laporta el que hace todo eso? Lástima. Tendré que retirar todo lo dicho, no sea que me acusen de madridista, que es lo peor que se le puede decir a un progre. Y yo siempre quise ser progre).

Alfredo Relaño, director del Diario As. Columna editorial de hoy, sábado 10 de septiembre de 2005.

© PRISACOM S.A. Se reproduce ejerciendo derecho de cita.

jueves, septiembre 08, 2005

España más de lo mismo

Otra vez más. Ostión de la Selección Española de fútbol. Cantada de Casillas en un salto que pedía despejar de puños y en el que lo que intentó fue atraparla. Por allá andaban Puyol y el recién entrado Zigic, un gigantón. Aunque las culpas han ido sólo al portero, creo que Puyol debió estar a la espalda de Zigic y no al lado, para evitar que, como pasó, estorbase lo justo a Casillas. Y también creo que lo ocurrido fue consecuencia directa de que, tras la entrada del gigantón Zigic, precisamente, la defensa se echó para atrás. Más la falta de fondo físico propia del inicio de temporada. Resultado: el equipo, que en el primer tiempo estuvo muy junto, en la segunda mitad estuvo más estirado que un chicle. Demasiada distancia entre la defensa y la delantera. Los dos mediocentros se convirtieron en islas por los que apenas pasaba la pelota. Y nadie le estaría echando las culpas a Casillas si los atacantes hubieran concretado con un par de goles más la superioridad mostrada ante Serbia en la primera parte. Y, si jugamos con extremos, éstos no pueden ser Joaquín y Vicente. No centran bien, no desbordan y no son capaces de llegar con el balón hasta la línea de fondo. Para esto, es mejor jugar sin extremos, como propugna Luxemburgo en el Madrid. Que los mejores fueran Salgado y Raúl dice mucho. El primero es lateral y el segundo lleva tiempo tratando de reencontrarse. Y sí, Casillas falló hoy, pero no lo hizo en los siete partidos anteriores, donde España llevaba un balance de tres victorias y cuatro empates.

Las victorias, ante Bélgica (2-0), San Marino (5-0) y Lituania (1-0), casualmente todas en casa, y los empates, ante Bosnia (1-1), Lituania (0-0), Serbia (0-0), éstos fuera de casa, y de nuevo ante Bosnia (1-1), y el de hoy ante Serbia (1-1), los dos en casa y sufriendo lo indecible. Y repito, en esos primeros siete encuentros no hubo errores del portero, él no tiene la culpa de que ahora la Selección esté con el agua al cuello. Las culpas, para todos. Con semejante bagaje no se puede ir a ningún sitio. Bueno, sí: a la repesca.

En el fondo es el resultado del anquilosamiento de años en la Real Federación, donde hace casi veinte años que están los mismos y no hacen nada por cambiar la situación: así les va bien porque llevan todo ese tiempo chupando del bote. Hasta que ese organismo no se regenere a fondo y se vayan los que están, da la impresión de que tampoco el equipo dará resultados. Visto el paño, casi es mejor quedarse fuera del Mundial por si se produce la catarsis, aunque es más fiable esperar a que la Audiencia Nacional lleve al presidente del organismo federativo tras las rejas. Declara este jueves imputado por cargos tales como falsedad documental, apropiación indebida y delito contra la Hacienda Pública.

El pasado fin de semana la Selección de Hockey Hierba se proclamó Campeona de Europa tras derrotar a Holanda en un final de partido apasionante. A ver si aprenden algunos que yo me sé a sudar el escudo.

martes, septiembre 06, 2005

Un poco de historia (I)

El Athletic era, a primeros de 1903, un club exclusivamente bilbaíno. Ese año de 1903 gana la Copa, en Madrid, ante el propio Madrid. Entre el público asistente hay una fuerte representación de jóvenes vascos, residentes en la capital. En su mayoría estudiantes, con un núcleo central en la Escuela de Ingenieros de Minas de la calle Ríos Rosas. Al acabar el partido están eufóricos, se mezclan con los ganadores y ahí nace la idea de crear una segunda pata del Athletic en Madrid. Y así se hace.

En los primeros años es, en puridad, un mismo club con dos sedes. Tiene el mismo nombre (Athletic Club), el mismo uniforme (primero blanco y azul, después blanquirrojo) y sus jugadores pueden alinearse indistintamente en el equipo de Bilbao o en el de Madrid, según dónde les pille la época del año en la que se juega el partido. Los periódicos suelen llamarles Athletic (B) al de Bilbao y Athletic (M) al de Madrid, y los madridistas, que ya ven con recelo al vecino (su rival directo en los campeonatos regionales) dicen que eso en realidad significa Athletic Bueno (el de Bilbao) y Athletic Malo (el de Madrid). También es frecuente en esos años el uso en la prensa de la expresión Athletic Sucursal para el de Madrid.

Y, es curioso, ya entonces nace una cierta leyenda de malditismo en torno al Athletic Club de Madrid. Por esos años se puede leer una reseña en la que se dice que el Athletic de Madrid es un equipo "que siempre que juega mal pierde y que cuando juega bien a veces también pierde, mientras que el Madrid es un equipo que siempre que juega bien gana, y que cuando juega mal a veces también gana".