miércoles, diciembre 29, 2010

Otra entrada frívola

¿Qué quieren? Como me ponga a hablar de la subida de la luz y del gas natural, o de la bombona de butano, o de la reforma de las pensiones, me deprimo a mí y les deprimo a ustedes, y no es plan. O de la llamada "ley Sinde", para cuya reforma ya hay reuniones a dos bandas: entre el PSOE y el PP por un lado, donde ¡albricias! los conservadores... No, espera, que ese puede ser cualquiera de los dos... Donde el PP, quería decir, pide más garantías judiciales. Y por otro el presidente de la Academia del Cine, Álex de la Iglesia, que se va a reunir con un grupo de mal llamados internautas para analizar la situación. Digo mal porque es simplificar mucho la cuestión, ya que lo suyo, y demasiado largo, sería definir a estas personas como ciudadanos escogidos de forma arbitraria (ellos no tienen la culpa) por el señor De la Iglesia porque, o se han significado de forma muy llamativa en Internet en contra de esta pantomima legislativa, o bien desarrollan su actividad profesional en el ámbito de la red de redes, o ambas cosas. ¿Esa reunión servirá para algo? Sí, si establecen unas conclusiones útiles, luego se las hacen llegar a los partidos políticos y finalmente éstos deciden incorporar sus sugerencias al texto. Si no, sólo será ruido para quedar bien y de cara a la galería. Yo también soy "internauta" así que ésta ha sido mi opinión al respecto. Y, una vez que he hablado de las cosas serias, vamos con las frívolas.

El origen de lo que voy a escribir a continuación se fundamenta en el simple hecho de que ayer por la noche se fue el fluido eléctrico en mi barriada, y en que mientras iba y venía se activaba y desactivaba el condensador de almacenamiento que tengo conectado a mi ordenador de sobremesa, y que me permite ganar tiempo para cerrar lo que esté haciendo y apagarlo. Antes de esto, un rayo mandó al cuerno mi anterior ordenador. El condensador, cuando se ha ido la luz, emite un continuo "beeep-beeep", que no deja de oírse ni con la puerta del cuarto de trabajo cerrada, así que comprenderán que lo de dormir se antoja en esas circunstancias complicado. Por desgracia la subida de la luz es para paliar el déficit tarifario, no para mejorar las instalaciones. Total, que como no puedes dormir te pones a pensar, en las cosas más absurdas a veces. Y me puse a elucubrar sobre lo siguiente:

Imagina que tienes una amiga relativamente guapa. No es un bellezón, pero es guapa o al menos a ti y a bastante gente más te lo parece. Esta amiga es además inteligente, elegante, sincera, relativamente simpática, tiene conversación, te interesa lo que hace y lo que dice, cómo lo hace y cómo lo dice. Posee por tanto una serie de cualidades personales bastante importante, dejando de lado el mero aspecto físico. Sin embargo, esta amiga imaginaria, como tantas otras mujeres, no acaba de estar del todo contenta con su cuerpo, o eso parece. Y entonces entras en una manida y recurrente disyuntiva: 1) ¿te gustaría la misma chica un poco menos guapa (o tal como está), pero manteniendo todas las características de tipo psicológico y afectivo, que son las que realmente la hacen tan especial y la hacen ser quien es (su personalidad, vamos) y por las que la valoras como amiga? 2) ¿O por el contrario aceptarías que fuera más guapa, aunque eso significase que su personalidad y aquello que la convierte en quien es fuesen a peor? La tercera opción es que, aunque cambiase de aspecto físico, la persona en cuestión mantuviese esas otras características que de veras la definen, pero la verdad es que ya no sería la misma persona. Bueno, pues entrando en el colmo de la frivolidad, algo que no suele ser la norma de esta bitácora, yo me decantaría por la primera opción. Sobre todo si el arreglo no mejora lo ya existente, que suele pasar. Supongo que es un planteamiento egoísta, de modo que asumo mi culpa por ello. No esperen que rece para hacer penitencia, ya saben los que llevan tiempo aquí que yo, la religión, cuanto más lejos mejor.

Ya ven ustedes en lo que se pone a pensar uno cuando espera que deje de sonar un acumulador a eso de las dos de la mañana.

lunes, diciembre 27, 2010

Excepción por Navidad: hoy hablaré de mí

Me lo permito a mí mismo muy pocas veces. Hablar de mí o de lo que me pasa, en este blog. Ésta será una de esas ocasiones.

El sábado por la tarde fui a ver a parte de mi familia. Concretamente a una tía y dos primos, chico y chica. Mi prima tiene tres hijos de diferentes edades, una niña y dos niños. Afortunadamente para mi tía y, en parte, para mis oídos, como mucho llegaron a coincidir dos al mismo tiempo en el piso. El hijo menor, aún un bebé, alternaba estados de calma con estados de, digamos, "petición". Porque un bebé se pone a chillar o similar sin razón aparente. El hijo mediano, el otro niño, había estado con su padre, y cuando llegó (el niño, me refiero) traía una inexplicable rabieta que le duró hasta que se quedó dormido en el sofá. Creo que no le sentó muy bien que le despertaran de la siesta. Con todo, me gustó compartir un rato con mi familia, no vayan ustedes a creer otra cosa. Lo peor fue que en el televisor estaba puesta Telecinco.

Y esto viene a colación porque este domingo me volvió a tocar estar rodeado de niños, en un contexto del todo diferente. Esta vez tres bebés, uno que ya ronda el año y dos (gemelos) a los que el primero lleva tres meses de diferencia, aproximadamente. Hijos de dos de mis amigos, con los que he compartido casi cinco horas de comida y charla. No nos juntamos tanto como nos gustaría. La última vez, antes de la que paso a relatar, fue la tarde del día que España jugaba la final del Campeonato del Mundo de Fútbol. A la noche de aquel día nos mandamos SMS repletos de alegría y entusiasmo. Apenas podíamos creer lo ocurrido. Que se tranquilicen mis amigos (alguno lee este blog) porque no citaré absolutamente a ninguno por su nombre. Están a salvo.

El caso es que nos hemos reunido en un restaurante doce personas más uno de los bebés. Composición: dos matrimonios, dos parejas de novios y cuatro hombres solteros. Salvo un par de excepciones, la mayoría nacidos en el año 1978, como es mi caso. Tras la comida, cuando nos hemos desplazado a otro local para tomar unos cafés, se han añadido al grupo los otros dos bebés. Ha sido un día estupendo. Como nos vemos poco, tuve la idea de un pequeño detalle. Llevé una cesta compuesta por productos de comercio justo de Intermón Oxfam (café, té, chocolate, mermelada, turrón, galletas...) y procedí a su sorteo en el restaurante. Como le ha correspondido a uno de los solteros, que se iba esta misma noche para Sevilla, la cesta ha quedado a cargo de su hermano, uno de los dos casados del grupo, salvo el café, el té y un pequeño "panettone", que se han repartido entre otros componentes de esta numerosa cuadrilla. Además, ya le han encontrado utilidad a la cesta vacía, cosa que me alegra.

Cuando veo a los hijos de mi prima, se me quitan todas las ganas de encontrar pareja o de ser padre (mi familia lo sabe, no es ningún secreto). Pero cuando veo a los de mis amigos, se me vuelven a despertar un poco. Porque se han portado de maravilla, entre otras cosas. Claro que si eres soltero y tienes 32 años... Complicado. Partamos de un supuesto (una ficción, un caso hipotético, por tanto): que a uno de mis amigos solteros (aunque podría ponerme a mí mismo de ejemplo) le gustase una chica pero, ay, no se atreviera a dar el próximo paso por si la amistad que tiene con la otra persona se resquebraja. Es evidente que millones de hombres han/hemos pasado por esto: nos gusta una amiga pero no se lo decimos para no perderla; o directamente jamás diremos nada porque pensamos o sabemos o intuimos que no tenemos nada que hacer, o finalmente se lo decimos y pasa una de estas dos cosas: o la amistad se rompe o bien se nos dice aquello de "lo siento, pero quiero que sólo seamos amigos" (el clásico síndrome 'pagafantas'). Postdata: siempre es la mujer la que decide.

Y he de decir que a mí me alberga un temor similar. Es lo malo que tiene ponerse a pensar. Hace un rato he mandado un correo electrónico con tres párrafos de unas 10-12 líneas cada uno, y tras repasarlo una vez enviado he llegado a varias conclusiones, no sé si buenas o malas: hago planteamientos moderadamente coherentes e inteligentes; y me expreso correctamente por escrito, pero en ocasiones tanto, tanto, que llego a resultar cursi y empalagoso. Y normalmente también puedo llegar a serlo hablando. El aburrimiento en persona. Casi lo peor si lo que quieres es encontrar pareja (en el coche de vuelta me puse a hablar de la "ley Sinde", conste que no empecé yo). No obstante creo (cruzo los dedos) que mis amigos pueden coincidir, mayormente, pese a estos manifiestos ¿defectos?, en que soy una persona educada, amable (pese a mis muy ocasionales prontos), en quien se puede confiar, atento (una amiga casi se deja el bolso con los maquillajes en el coche pero yo se lo recogí), detallista (para lo bueno y para lo malo), servicial, leal y sincero (a veces demasiado, bien que me lo toleran y/o agradecen). Pero dudo que sea suficiente. Me temo que tengo toda la pinta de un 'pagafantas'. Bueno, pues espero no tener que andarles contando lo mismo el año que viene.

Ah, la Navidad, la soltería y sus depresiones ocasionales (que sólo duran un rato, no se asusten: escribes lo que te pasa, te desahogas y te quedas como nuevo). Suerte que tengo unos amigos estupendos. Este tipo de entradas no se repetirá, por lo menos... Hasta el año que viene.

domingo, diciembre 26, 2010

Dos ministras

Ángeles González-Sinde, en El País, dice confiar en que se aprobará la famosa disposición final que lleva su nombre. Va en la parte inferior derecha de la portada impresa. La entrevista no tiene desperdicio de lo mala que es y por todas las falacias que suelta. Quedémonos con esta perla: "Los hay que apoyan el Creative Commons o el copyleft. Me parece bien, pero también me parece que hay que poder elegir". El Creative Commons está precisamente para que los autores puedan elegir, ministra. Tampoco queda muy bien que usted diga que respetaría la posible decisión de Fernando Trueba de hacer objeción fiscal. Y desde luego, lo más grave es que usted, en vez de tomar partido por los ciudadanos, lo haga por un "lobby" de presión. Como bien explica hoy Josep Ramoneda precisamente en El País. No irán a dudar los "creadores" de un señor que dirige el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, ¿verdad? ¿O sí?

Pero en Público dice, por el contrario, que "Para sacar una ley maltrecha, es mejor esperar y seguir debatiendo" y asegura que "estamos en otra fase del debate: habrá que escuchar todas las voces". ¿En qué quedamos?

No olvidemos que ella es la autora de las célebres frases "Mozart vivía en la miseria por no tener derechos de autor" y "¿Para qué queremos Internet a no sé cuantos "gigas" para leer el correo electrónico?". En Público hay hoy dos opiniones absolutamente antagónicas en cuanto a los derechos de autor, las de Juan Varela y Juana Salabert. No como en El País hace unos días, que eran veintidós contra dos. No sólo es que yo esté de acuerdo con Varela, sino que el texto de Salabert está movido por la ira, el odio, la inexactitud, la demagogia y el insulto barato. Qué gran verdad esa de que en España se cree que por gritar más alto y soltar más improperios se tiene más razón: esta señora lo ejemplifica de sobras. Como Alejandro Sanz, por cierto.

La mitad de la portada de Público es para Trinidad Jiménez, pero ella sola se merecería una entrada aparte. En este Gobierno las estupideces las reparten a pares. ¿Cómo se puede sentir a la vez defensora del oprimido y simpatizante del opresor? Pues sí. Suponemos que el cargo obliga a ser equidistante, pero entre que ella reclamase la libre autodeterminación para el pueblo saharaui en 2003 (vídeo y foto) y que el PSOE apoyase la solución autonomista que sugiere Marruecos nada más llegar al Gobierno va un trecho demasiado largo. El titular completo de la entrevista es "He defendido al pueblo saharaui y me siento también muy cerca de Marruecos".

La ministra de Asuntos Exteriores ha concedido otra entrevista, a ABC, y si bien por un lado expresa su deseo de que se reconozca al estado palestino (cal), por el otro vuelve a demostrar su merma en lo relativo a la cuestión saharaui (arena), al afirmar que "Marruecos es uno de los países del Magreb que han tenido un desarrollo más avanzado en el ámbito democrático y de los derechos humanos". ¡Pero oiga! ¡Que tienen a los periodistas críticos en la cárcel y a los españoles o los apalean, o los expulsan o no los dejan entrar! ¡Que su "sistema democrático" es una pantomima porque el Gobierno lo designa el rey! ¿Pero qué me está usted contando?

Quede clara una cosa: cuestiono la idoneidad de estas dos personas en tanto que ocupantes de un cargo de tanta responsabilidad como un Ministerio, y en ambos casos demuestran que les viene demasiado grande. Que sean mujeres no guarda relación con esta crítica. Tampoco me gusta un pelo el ministro de Fomento pero, vaya qué casualidad, desde el puente de la Constitución no ha vuelto a abrir la boca.

Y si resulta que ambas señoras sí son inteligentes y todo esto que dicen lo proclaman por las circunstancias debidas a sus cargos, habrá que concluir que se necesita muy poca ética, o renunciar a la que se tiene, para ser ministro. O ser maestros en el arte de la mentira. Así que supongo que yo nunca podré ser ministro, por ejemplo.