lunes, diciembre 27, 2010

Excepción por Navidad: hoy hablaré de mí

Me lo permito a mí mismo muy pocas veces. Hablar de mí o de lo que me pasa, en este blog. Ésta será una de esas ocasiones.

El sábado por la tarde fui a ver a parte de mi familia. Concretamente a una tía y dos primos, chico y chica. Mi prima tiene tres hijos de diferentes edades, una niña y dos niños. Afortunadamente para mi tía y, en parte, para mis oídos, como mucho llegaron a coincidir dos al mismo tiempo en el piso. El hijo menor, aún un bebé, alternaba estados de calma con estados de, digamos, "petición". Porque un bebé se pone a chillar o similar sin razón aparente. El hijo mediano, el otro niño, había estado con su padre, y cuando llegó (el niño, me refiero) traía una inexplicable rabieta que le duró hasta que se quedó dormido en el sofá. Creo que no le sentó muy bien que le despertaran de la siesta. Con todo, me gustó compartir un rato con mi familia, no vayan ustedes a creer otra cosa. Lo peor fue que en el televisor estaba puesta Telecinco.

Y esto viene a colación porque este domingo me volvió a tocar estar rodeado de niños, en un contexto del todo diferente. Esta vez tres bebés, uno que ya ronda el año y dos (gemelos) a los que el primero lleva tres meses de diferencia, aproximadamente. Hijos de dos de mis amigos, con los que he compartido casi cinco horas de comida y charla. No nos juntamos tanto como nos gustaría. La última vez, antes de la que paso a relatar, fue la tarde del día que España jugaba la final del Campeonato del Mundo de Fútbol. A la noche de aquel día nos mandamos SMS repletos de alegría y entusiasmo. Apenas podíamos creer lo ocurrido. Que se tranquilicen mis amigos (alguno lee este blog) porque no citaré absolutamente a ninguno por su nombre. Están a salvo.

El caso es que nos hemos reunido en un restaurante doce personas más uno de los bebés. Composición: dos matrimonios, dos parejas de novios y cuatro hombres solteros. Salvo un par de excepciones, la mayoría nacidos en el año 1978, como es mi caso. Tras la comida, cuando nos hemos desplazado a otro local para tomar unos cafés, se han añadido al grupo los otros dos bebés. Ha sido un día estupendo. Como nos vemos poco, tuve la idea de un pequeño detalle. Llevé una cesta compuesta por productos de comercio justo de Intermón Oxfam (café, té, chocolate, mermelada, turrón, galletas...) y procedí a su sorteo en el restaurante. Como le ha correspondido a uno de los solteros, que se iba esta misma noche para Sevilla, la cesta ha quedado a cargo de su hermano, uno de los dos casados del grupo, salvo el café, el té y un pequeño "panettone", que se han repartido entre otros componentes de esta numerosa cuadrilla. Además, ya le han encontrado utilidad a la cesta vacía, cosa que me alegra.

Cuando veo a los hijos de mi prima, se me quitan todas las ganas de encontrar pareja o de ser padre (mi familia lo sabe, no es ningún secreto). Pero cuando veo a los de mis amigos, se me vuelven a despertar un poco. Porque se han portado de maravilla, entre otras cosas. Claro que si eres soltero y tienes 32 años... Complicado. Partamos de un supuesto (una ficción, un caso hipotético, por tanto): que a uno de mis amigos solteros (aunque podría ponerme a mí mismo de ejemplo) le gustase una chica pero, ay, no se atreviera a dar el próximo paso por si la amistad que tiene con la otra persona se resquebraja. Es evidente que millones de hombres han/hemos pasado por esto: nos gusta una amiga pero no se lo decimos para no perderla; o directamente jamás diremos nada porque pensamos o sabemos o intuimos que no tenemos nada que hacer, o finalmente se lo decimos y pasa una de estas dos cosas: o la amistad se rompe o bien se nos dice aquello de "lo siento, pero quiero que sólo seamos amigos" (el clásico síndrome 'pagafantas'). Postdata: siempre es la mujer la que decide.

Y he de decir que a mí me alberga un temor similar. Es lo malo que tiene ponerse a pensar. Hace un rato he mandado un correo electrónico con tres párrafos de unas 10-12 líneas cada uno, y tras repasarlo una vez enviado he llegado a varias conclusiones, no sé si buenas o malas: hago planteamientos moderadamente coherentes e inteligentes; y me expreso correctamente por escrito, pero en ocasiones tanto, tanto, que llego a resultar cursi y empalagoso. Y normalmente también puedo llegar a serlo hablando. El aburrimiento en persona. Casi lo peor si lo que quieres es encontrar pareja (en el coche de vuelta me puse a hablar de la "ley Sinde", conste que no empecé yo). No obstante creo (cruzo los dedos) que mis amigos pueden coincidir, mayormente, pese a estos manifiestos ¿defectos?, en que soy una persona educada, amable (pese a mis muy ocasionales prontos), en quien se puede confiar, atento (una amiga casi se deja el bolso con los maquillajes en el coche pero yo se lo recogí), detallista (para lo bueno y para lo malo), servicial, leal y sincero (a veces demasiado, bien que me lo toleran y/o agradecen). Pero dudo que sea suficiente. Me temo que tengo toda la pinta de un 'pagafantas'. Bueno, pues espero no tener que andarles contando lo mismo el año que viene.

Ah, la Navidad, la soltería y sus depresiones ocasionales (que sólo duran un rato, no se asusten: escribes lo que te pasa, te desahogas y te quedas como nuevo). Suerte que tengo unos amigos estupendos. Este tipo de entradas no se repetirá, por lo menos... Hasta el año que viene.

2 comentarios:

John Constantine dijo...

Pues..vete pensando en cambiar un poco o acabarás como yo, que a los 38 años sigo soltero... y si, todas las mujeres que conozco dicen por ahí que soy un encanto, simpático, maravilloso... :-)

En fin, Feliz Navidad.

RGAlmazán dijo...

Jorge quien no se arriesga no pasa la mar. Así es que --si me permites el consejo de viejo-- cuando sientas que es el momento atrévete y verás como no ocurre nada, lo peor es quedarte en la misma situación y si sale bien... ¡Ánimo y suerte!
Creo que vale la pena intentarlo.

Salud y República