miércoles, septiembre 11, 2013

Por qué veré #welovetamara

No tengo por costumbre ver 'realities' ni similares en televisión. Aunque vi la primera edición de Gran Hermano por curiosidad. Claro, era el primero de todos, y como periodista hay que estar inevitablemente atento a estas cosas. Hay diferentes formatos, también está el 'docureality'.

Las razones por las cuales no suelo verlos son las siguientes. Son programas donde cuenta mucho el tema de la realización y el montaje posteriores. Puede no pasar nada durante horas, pero de cara a la emisión los responsables del espacio tratarán de mostrar las partes más polémicas o bien aquellas donde algún concursante quede mal o pueda ser objeto de burla. Es decir, los participantes pierden la intimidad y la dignidad, y lo asumen, sabiendo que cobran un dinero fijo por estar allí. O incluso, en el caso de las mujeres, tratan de aprovechar la efímera popularidad dejándose convencer para aparecer en Interviú.

Con el espacio We Love Tamara, que se estrena este jueves por la noche en el canal Cosmopolitan, haré una excepción. Va a ser sin duda un espacio cuidado desde el punto de vista del montaje, la edición y la posproducción, porque la productora responsable, La Caña Brothers, está detrás de programas de calidad como Informe Robinson o los reportajes de Jon Sistiaga. Si no han visto ninguno de esos productos televisivos, recomiendo su visionado. La protagonista, Tamara Falcó Preysler, ha dejado muy claro en las entrevistas y ruedas de prensa concedidas, que solo se grababa a horas muy determinadas (a veces con rodajes de hasta dieciocho horas) y que ella misma ha sugerido buena parte de los contenidos.

Así pues, considero aún antes de verlo (aunque se han publicado vídeos previos) que el programa, cuyo formato ha sido definido como "personality show", va a ser un programa donde la dignidad de la persona, al contrario que en otros espacios similares, va a quedar a salvo. Un espacio de los denominados "blancos", que pueda ver toda la familia. Hay suficientes garantías de ello.

Pero, me dirán ustedes, ¿no es Tamara Falcó Preysler la hija del marqués de Griñón y de Isabel Preysler, que sale en las revistas del corazón desde pequeña? Sí. Y seguramente su siguiente pregunta será: ¿qué interés puede tener ver un programa que relata la vida diaria de esta persona, que podría recibir diversas etiquetas, alguna de ellas poco favorable? Procederé a explicarlo.

Ciertamente, la imagen que uno pueda tener de Tamara Falcó está construida a partir de los reportajes que pueda haber protagonizado en las llamadas revistas del corazón y en los programas de televisión del ramo. La misma que tengo yo, vaya. Que si conduce mal, que si va a fiestas, que si habla de un modo particular, que si no ha dado un palo al agua, que si ha descubierto una tardía vocación religiosa... Bien, ¿qué manera mejor de romper con esa imagen fabricada por otros que aparecer en un 'reality' protagonizado por ella misma, contribuyendo a construir el relato en lugar de dejar que otros lo hagan por ella?

Al final, tras verlo, uno podrá mantener la idea previa que tenía sobre ella, o bien cambiarla por completo. Desde luego, lo que no pienso hacer es burlarme de ella en base a tópicos o a partir de lo que ha salido de ella en los medios durante años, cuando es alguien a quien no conozco personalmente. Hace poco se ha abierto una cuenta en Twitter (que espero mantenga una vez acabado el programa) y seguro que ha recibido muchos mensajes insultantes de gente que, a partir de la imagen parcial y sin duda deformada que tienen de ella, creen que pueden juzgar a los demás. O que se han burlado de sus creencias. O, por qué no decirlo, le tienen envidia. ¿Por qué se ha convertido Internet en el vehículo para meterse con alguien que no te ha hecho nada? Tras leer en los últimos días alguna de las entrevistas que ha concedido, me he encontrado con una mujer espontánea, amable, sincera, comprometida y simpática.

También veré el programa, aparte de por las razones ya explicadas, porque la parrilla televisiva está plagada de un pesimismo nefasto, con programas donde solo se habla de política o de desgracias. Así que prefiero desconectar y pasar un buen rato viendo un programa amable que solo busca entretener. ¿Que será un programa frívolo? La propia Tamara Falcó ha admitido ese extremo, pero, con lo seria que es la vida a menudo, un poco de frivolidad de vez en cuando quizá no venga mal. Y un programa donde uno se podrá, sin duda, divertir, y reírse CON la protagonista, que no de ella, algo muy distinto. Y no voy a negar que esta persona me cae bien.

Por tanto, veré We Love Tamara por el formato, por sus responsables, por su protagonista y para pasar un rato agradable viendo la televisión, que ya es mucho tal y como está. Porque no deja de ser eso, un programa de televisión, y como tal hay que tomarlo.

Madrid 2020

Ahora que han pasado varios días, voy a decir lo que pensaba de la candidatura olímpica Madrid 2020.

Lo dejo claro desde el principio: yo iba con Tokio. Japón tiene cosas que no me gustan nada, como la caza de ballenas y delfines, pero es un país que cuenta con mi sincera admiración y al que espero poder viajar alguna vez en lo que me quede de vida.

Problema: por lo que he ido leyendo, si no apoyabas la candidatura de Madrid eras un traidor. No digamos si encima te daba por apoyar a otra candidatura.

En mi DNI y en mi caducado pasaporte dice que soy español, pero eso no quiere decir que tenga que apoyar todas las empresas en que se embarca mi país, si estas me parecen descabelladas y carentes de toda lógica. Y esta candidatura olímpica me parecía un absurdo, tanto como las anteriores para 2012 y 2016.

Antes de saber si a Madrid le adjudicaban ningunos Juegos, la ciudad de Madrid emprendió obras faraónicas como la M30 o como la T4 de Barajas (que al parecer se usa poco). Y también comenzó a construir algunas instalaciones deportivas. La Caja Mágica solo se usa una semana al año, y el Centro Acuático y el estadio de La Peineta están en obras. Estas dos al menos no les quedará otra que acabarlas, sobre todo el estadio que está destinado a ser utilizado por el Atlético de Madrid.

Lo peor no ha sido el comportamiento de los políticos (creo que de haberse logrado la adjudicación, hubieran sido los Juegos del PP, y de nadie más) sino el de los medios de comunicación, que en su gran mayoría no han puesto ningún pero al proyecto ni realizado artículos críticos, en una muestra de supuesto patriotismo con la cual han dicho adiós a la objetividad que debería presidir su trabajo. De modo que solo han aireado las deficiencias de la candidatura una vez consumada la derrota. Eso algunos, porque otros lo que han hecho ha sido cargar contra el COI y los chanchullos y tejemanejes que rodean la elección, como si fuera algo que no se supiera ya. En el ámbito político, llama la atención el comportamiento del portavoz socialista en el Ayuntamiento de Madrid, que tras apoyar el proyecto sin fisuras ahora pide destinar a otros usos el dinero que estaba pensado para las instalaciones.

El de Tokio, Fukushima aparte, era el mejor proyecto. El terremoto, el tsunami y la crisis nuclear no jugaban en contra, sino a favor, ya que eran una demostración del afán de superación del pueblo japonés. Eso y la no escrita rotación de continentes. Si yo fuera alcalde de Madrid, ni lo intentaría para 2024, porque parece que se presentarán Berlín y/o París y no habría nada que hacer.

Algunos especiales de medios críticos con la candidatura han sido los de eldiario.es, La MareaDiagonal.

De lo ocurrido en Buenos Aires ya se ha escrito mucho. Ha sido noticia el mal desempeño con el inglés de la alcaldesa Botella o del presidente del COE. O que el presidente del Gobierno leyera en español directamente del papel y no sepa utilizar un autocue. Pero más que las presencias, yo destacaría las ausencias. No viajaron a la capital argentina, donde se designaba la organizadora, ni la presidenta autonómica ni el alcalde (Aguirre y Gallardón) que estaban en ejercicio cuando se presentó la candidatura. ¿Se temían acaso lo que iba a ocurrir?