sábado, septiembre 18, 2010

La estupidez del viajero


Por el interés que ha despertado en mí, hoy reproduzco el artículo La estupidez del viajero, firmado por Rafael Caumel en el número 15 del periódico literario Paréntesis, editado en Málaga por Taller Paréntesis (web). Espero que lo disfruten o al menos les haga pensar un momento:

La estupidez del viajero

En las agencias de viajes saben que los términos “turista”, paquete “turístico” y similares no deben utilizarse más que en comunicaciones internas. Sus clientes rechazamos ser meros turistas desde los 90. Ahora somos viajeros.

Para ilustrar el pavor que sentimos a ser identificados como turistas, o a descubrirnos a nosotros mismos como tales, recojo un par de anécdotas:

1) Kasbah de Tánger, Place du Mechoir. Número del encantador de cobras. Algunos integrantes de un grupo de españoles se muestran curiosos y hablan con los propietarios de la caja que oculta la serpiente. El resto rechaza tener nada que ver con esa idea y se apartan unas decenas de metros; estos últimos, desde las sombras del castillo y con los teleobjetivos montados en sus cámaras réflex, vigilan la evolución de las negociaciones. La parte del grupo que se acercó a curiosear se siente débil y cuestionada. Unos y otros se quedan sin ver la cobra. Poco después, la escena se repite con los guenauas de Bab el-Assa.

2) Un paso de cebra en Roma. Una pareja conversa sobre la necesidad de adaptación del viajero; en este caso, a la forma de conducir local. Una familia converge con ellos en la misma acera. En cuanto detectan que comparten idioma, la pareja se calla. El padre de familia, mapa en ristre, intenta cruzar y, al no conseguir detener a los vehículos, increpa a los conductores. La silenciosa pareja pone cara de asco.

La aversión a compartir espacio con otros turistas puede sufrirse de manera más aguda cuando se trata de compatriotas. Como presuntos viajeros, sentimos el deseo de huir de todo lo que nos recuerde a nuestro entorno habitual. Reproduzco parte de la carta de una buena amiga para ejemplificar esto:
“Esta mañana he llegado a la Capadocia desde Konya. De la búsqueda del equilibrio interior a todos los placeres mundanos, de la paz y el ser casi uno más al engaño y la corrupción turística. Lo que he visto hasta ahora de la Capadocia es muy bello, pero corrompido por el turismo masivo. A pesar de la grandeza de Estambul, el interior de Turquía me está fascinando, y me gustaría repetir viaje a la parte oriental, menos desarrollada y menos occidental.
Besos para todos, con mucho calor, desde la Capadocia, imaginándola como debió de ser antes de que desembarcáramos los turistas.”,

Si podemos reprimir las ganas de salir corriendo a Konya para creernos nómadas por unos días, me gustaría que reparásemos en uno de los detalles de esta carta. Su escritora se sintió una más allí. Casi. Quien quiere ser viajero intenta relacionarse con el lugar que visita como “uno más”, pero eso nunca se consigue plenamente. Es la paradoja (double bind) del turista actual, que se siente arrastrado a la búsqueda frenética de lugares alejados de los itinerarios turísticos. El problema irresoluble surge porque, cuando por fin encuentra uno, su sola presencia lo desvirtúa.

Evitar a los demás lo percibimos como uno de los mayores lujos del mundo moderno; se busque de forma consciente o inconsciente, no tardamos en encontrar que incluso esta opción tiene un precio en el mercado turístico. Estuve donde nadie ha estado, podría ser el lema del catálogo. Hasta viajes espaciales hay a la venta. Como todos los destinos “auténticos”, también Konya tiene los días contados, y es el conocimiento o la intuición de que esto es así lo que acelera el proceso de masificación. Otra paradoja turística. Se busca la exclusividad y se termina implantando la globalización. Como escribe Houellebecq en la novela Plataforma: “Hoy, coger un avión equivale a que a uno lo traten como a una mierda. El problema es que el mundo tiende a parecerse cada vez más a un aeropuerto.”

Las guías de viaje (una de las secciones con más movimiento en las librerías) también contribuyen a esta función uniformadora. Para el turista moderno, que quiere ser viajero y construye su propio viaje, la utilidad de estas publicaciones es incuestionable, pero la velada manera de dirigir recorridos tal vez no nos resulte tan evidente hasta que se van amontonando los encuentros con otros usuarios de la misma guía en cafés ocultos, restaurantes minoritarios o cualquier otro de los exclusivos rincones no turísticos que prometen. En este sentido, es curioso observar cómo las Lonely Planeta (y no hay errata aquí sino alusión), con su esnobismo y promesa de exclusividad, son las más extendidas.

A pesar de todo, el principal peligro de una guía es que el usuario convierta su viaje en una confirmación de lo que leyó en ella. Esto aniquila toda posibilidad de experiencia personal, precisamente aquello que creía estar buscando.

Encontramos así una característica que podemos asignar a la imagen, algo enturbiada por el romanticismo, de viajero: vivir experiencias claves durante el viaje. Ideal éste que también saben utilizar mayoristas y operadores, capaces de ofrecer todo tipo de aventuras de plástico (o de riesgo controlado, como prefieren denominarlas), pero sustraídos a la posibilidad de facilitarnos una sola revelación que nos lleve a cuestionar algo de nuestras vidas. Precisamente eso, cuestionar su mundo, es lo que ningún turista busca y, en caso de encontrárselo, procura evitar.

Los viajes, desde la distancia que interponen y mediante el conflicto con el mundo visitado, invitan a la revisión. Pero toda revisión se enfrenta a la resistencia a aceptar otras formas de entender la vida, a la resistencia a cambiar.

Tal vez no se pueda hablar de viaje sin oposición. En la Galería de Arte Europeo y Americano de los siglos XIX y XX, de Moscú, hay una pequeña escultura de Jean-Louis Ernest Meissonier titulada “El viajero”. Es un jinete con capa que cabalga penosamente. En los gestos de caballero y caballo se percibe la lucha. El espectador imagina inclemencias meteorológicas y resuelve el enigma, con lo que la propuesta de la obra queda rápidamente olvidada. Pero ¿qué ocurre si, en lugar de viento, suponemos otro tipo de fuerza en contra del avance?

En una época en la que son pocos quienes, como Paul Theroux, han decidido dedicar su vida a viajar; en la que no queda un rincón del planeta sin explorar y la apuesta espacial se estancó; en la que todo se comercializa al menor atisbo de interés; y en la que, por motivos económicos y políticos, las palabras se trastocan más que nunca, el concepto de viajero es cada vez más confuso. Aun así, hay momentos singulares en los que uno deja de ser turista y pasa a sentirse viajero. Son aquellos en los que vencimos alguna dificultad y alcanzamos con ello un saber.

Para quien escribe (o piensa), un viaje es una oportunidad única de recoger ideas. Con objeto de organizarlas y poder meditar sobre ellas, es indispensable tener firmeza para no dejarse arrastrar por ninguna pulsión acaparadora, y sentarse en un café o sobre una piedra a anotarlas, dedicándoles todo el tiempo que necesiten.

domingo, septiembre 12, 2010

Una entrada complicada

Aquí estoy otra vez metiéndome en camisa de once varas.

Porque: Los catalanes se saben defender solos. No necesitan pues que yo acuda en su defensa. Tampoco me lo han pedido. Y tampoco soy quién para hacerlo.

Pero una vez más han sido víctimas de acusaciones injustas. Más bien de una generalización.

[Y como esto ha ocurrido en prensa, y yo dedico muchas veces mi blog a analizar prensa y determinados tratamientos informativos, pues allá que vamos]

El 22 de agosto por la mañana, cuando abandonaba Barcelona en AVE tras seis días de estancia, tenía a mi disposición los ejemplares de varios periódicos del día, entre ellos El Mundo y ABC, que daban una alta relevancia en portada a los disturbios del día anterior en el barrio de Gràcia por los actos que se pretendían desarrollar en homenaje a una colaboradora de ETA, de nombre Laura Riera, que ese día salía de prisión. Los hechos eran aislados, y los Mossos d'Esquadra sin duda podrían haber disuelto el acto con menos alharacas de las que emplearon, ya que lo que lograron fue dotar de más relevancia a lo ocurrido. Los dos diarios mencionados no tuvieron pues reparos en magnificar lo sucedido en Gràcia y trasladar una mala imagen de la Ciudad Condal. Ese día comprobé que la portada de ABC no sólo era diferente en Madrid y Sevilla, sino también en Barcelona.

Este sábado día 11 de septiembre tuvo lugar la festividad reivindicativa catalana por excelencia, la Diada, que conmemora un fallido pero al parecer épico contraataque, en 1714, de las fuerzas de defensa barcelonesas contra las tropas enviadas por el pretendiente de la Casa de Borbón al trono de España, Felipe V. Cataluña y la mayor parte de la Corona de Aragón habían tomado parte por el Archiduque Carlos, de la Casa de Austria. Esto se da en llamar la Guerra de Sucesión, para aquellos que no lo recuerden. Como es sabido, Felipe V acabó por coronarse rey y dictó unos llamados Decretos de Nueva Planta según los cuales, por ejemplo, Cataluña perdía sus órganos de autogobierno, aparte de quedar sometida a gobierno militar, ver Barcelona rebajada su condición de ciudad o cómo se destruía parte de la misma. Por ejemplo.

Aventurándome un poco, podría decir que la llamada "desafección" entre España y Cataluña bien pudo comenzar allí. Cataluña se vio humillada y sometida por el candidato que no habían querido, de modo que se puede decir que era parte de España "a disgusto", además del hecho de que se hubieran suprimido todos los órganos de autogobierno que los anteriores monarcas hispánicos o castellanos habían respetado. Cosas de perder una guerra, me dirán. En efecto. Pero no me pueden negar que como germen de las ansias de independencia no es un mal motivo. Porque se puede entender que, partiendo de este planteamiento, siguen formando parte de España "a la fuerza" desde entonces, sin olvidar que el actual rey es descendiente de aquel de 1714.

De modo que la Diada también se aprovecha para reivindicar el derecho de Cataluña a la autodeterminación. Las manifestaciones que con tal motivo se organizaron ayer fueron mayormente pacíficas. Sólo al final de uno de esos actos, cuando los políticos ya no estaban presentes, un par de encapuchados subieron a un escenario o estrado ubicado junto al paraje denominado "Fossar de les Moreres" [adyacente a la catedral de Santa María del Mar y donde estarían enterrados buena parte de los fallecidos en aquella recordada contraofensiva contra las huestes de Felipe V] y les dio por prender fuego a un retrato del rey Juan Carlos I y a sendas banderas de España y Francia. Hecho aislado y minoritario sin duda, pero que la prensa conservadora no ha dudado en aprovechar como de costumbre, magnificándolo. En este caso en las portadas de El Mundo y La Razón. Yo por mí hubiera subido sólo los enlaces, pero hay que explicar que la url de la portada de La Razón es siempre la misma, de modo que si se sube sólo dicha dirección, no sirve de nada, ya que la portada cambia cada día, pero no la ubicación.

El Mundo (texto)

La Razón (texto)

[Y por cierto, qué raro que allí no había ni Guardia Urbana ni Mossos, pero sí fotógrafos a punto para sacar la foto de la polémica, qué oportunos]

En el "Fossar de les Moreres", además, se procedió a la quema de una copia de los Decretos de Nueva Planta, en esta ocasión sí a cargo de un político, delegado de la Generalitat en la Cataluña central. Este hecho está siendo mucho menos destacado que el citado más arriba.

En periodismo hay una serie de normas de comportamiento que no se suelen traspasar. Por ejemplo, no informar sobre amenazas de bomba que se demuestran falsas o sobre suicidios, para evitar el efecto contagio. El 20 de agosto, según se desvela en el Twitter de Javier Casal, en la redacción de "Hora 14" de la Cadena Ser estaban debatiendo "sobre los casos de balconing y si contribuimos los medios a que se reproduzcan nuevos casos" (literal). Estos casos de jóvenes saltando de balcones a piscinas sólo se han dado en Baleares y entre ciudadanos británicos, exclusivamente, que me permito dudar de que escuchen la Cadena Ser y por tanto no podía haber efecto contagio de ningún tipo. Dicho efecto sí se ha dado con el pastor Terry Jones, el que quería quemar un ejemplar del Corán en Florida coincidiendo con el 11-S. Al final no lo ha hecho, pero le han salido imitadores en otros estados que sí han realizado ese acto de quema del libro sagrado del Islam. Por culpa de la difusión del caso original, en este caso, sí se ha dado el efecto contagio. Terry Jones, barrunto, sólo quería publicidad, y los medios han contribuido a dársela. Trasladado a los casos de, pongamos por caso, el último comunicado en vídeo de ETA, la última manifestación prohibida de la izquierda abertzale a la que al final sólo ha acudido un centenar de personas, al mencionado acto en favor de la proetarra Laura Riera, o el acto de ayer de la quema del retrato y las banderas, pasa exactamente lo mismo: quieren cámaras de televisión que les graben, quieren notoriedad. Es la única manera de convertir un grano de arena en una montaña, de sobredimensionar hechos aislados. Si encima tenemos periódicos como los conservadores editados en Madrid, a los que estas cosas que pasan en Cataluña y País Vasco les encantan, pues tenemos estas dos portadas.

En La Gaceta del Grupo Intereconomía no llevan la foto en cuestión pero sí mencionan que "Dos encapuchados queman durante la Diada una foto del Rey", aunque como subtítulo de otra noticia, en la que indican que los actuales consejeros Castells y Maragall se irán del PSC para formar su propio grupo de cara a las elecciones.

El diario Público (la antítesis del recién citado) lleva una foto de la manifestación que recorrió Barcelona, y, en grandes caracteres, el titular "Catalunya revisa su encaje en España", sin citar los incidentes.

¿Cómo han reflejado el hecho los periódicos catalanes? Bien, pues han pasado de puntillas sobre esa quema. Bien porque a) las primeras ediciones no lo reflejan, como podría pasar con la portada de El Periódico; b) lo citan pero no quieren destacar el tema para rebajar su importancia; c) siendo malpensados, no lo citan porque lo quieren ocultar; o d) lo citan, pero resaltan que es un hecho aislado, lo que no es exactamente igual que b). Y ninguno de los consultados lleva la foto de la quema a la portada. De verdad que creo que no para ocultar el hecho sino para rebajarlo. Me imagino que sí llevan la foto en páginas interiores.

El Periódico abre con el titular "La Diada de la discordia", por las acusaciones entre partidos, y habla de una "jornada sin incidentes". O bien no consideran la quema un incidente o bien el hecho no ha sido incluido en la primera edición, y luego la portada cambia en posteriores.

La Vanguardia, mientras, titula "Plácida Diada con la vista puesta en el 28-N", y en el texto de diez líneas que lleva en portada, dice al final: "Dos encapuchados quemaron una foto del Rey en un acto independentista".

El diario Regió7 no refleja el hecho porque éste se produjo en Barcelona, y este diario se ocupa de los hechos que se dan en la Cataluña central. Su titular traducido es "La ciudadanía se mueve de nuevo (u "otra vez") en la Diada Nacional".

Avui habla de "Diada Festiva" sobre la foto de un niño que lleva una "estelada" (bandera "estrellada") a modo de capa. El resto del texto no se distingue ya que la imagen capturada por kiosko.net es demasiado borrosa.

Mientras, el Diari de Girona, con imagen de una manifestación celebrada en dicha ciudad, titula "Manifestación marcada por el Estatuto y las elecciones". Menciona lo ocurrido en Barcelona con la frase: "La marcha acaba con la quema de una foto del rey". Vamos, se menciona y punto.

El Diari de Tarragona, que como lleva el XL Semanal me da que es de la misma empresa que el ABC, no dice absolutamente NADA de lo acontecido en la Diada. Habla de los "Latin King" y de un concierto de Alejandro Sanz en Salou. Esto es deformar la realidad y lo demás nada. Su hermano Diari Ebre hace lo mismo, sólo cambia la foto del cantante por una del final de las fiestas de Tortosa.

El Punt posee tres ediciones y sólo está subida a kiosko.net, para hoy domingo, la de la comarca de Girona, con el título "La Diada no está en crisis", foto de una manifestación independentista en Girona, varios destacados, y no hace mención alguna de lo ocurrido en Barcelona con el retrato y las banderas.

En La Mañana, "Grito (Clam) por Cataluña" y foto de manifestación celebrada en Lleida. Es un diario de índole regional, por tanto de lo ocurrido en Barcelona, ni rastro.

El último que aparece reflejado es Segre, que lleva también una foto de la manifestación de Lleida, desde otro ángulo, con el titular "Nosotros decidimos" (Nosaltres decidim). De los actos de Barcelona sólo se menciona el discurso de Montilla y la respuesta crítica dada al mismo por CiU y ERC.

Vamos, que hasta el que podría pasar como el más radical de los periódicos catalanes (debe ser alguno de estos) omite unos hechos que, en teoría, les podrían parecer dignos de mención, y que sin embargo El Mundo y La Razón llevan a portada. ¿Quién es aquí el sensacionalista, el radical, el siembraodios? Pues visto lo visto, búsquenlo más en Madrid que en Barcelona. Como se suele decir, no hay mayor desprecio que no hacer aprecio.

En uno de los actos independentistas con motivo de la Diada se recitó el poema "Oda a España", de Joan Maragall. La última frase, la última, ojo, de dicha composición, dice "Adiós España". Sólo la última frase, si bien es verdad que el texto es una queja de la incomprensión de España para con Cataluña. Un lamento. Pues ya se pueden ustedes imaginar la película, en El Mundo, gracias a una desafortunada nota de EFE, o en La Razón.

Y eso que la portada más desagradable y ofensiva no es quizá la de ningún diario de información general, sino la del diario deportivo AS, que aprovechando la victoria del Real Madrid y la derrota del FC Barcelona en casa titula "Diada Blanca". Francamente, algo así me lo esperaba más del Marca. Esto echa por tierra aquella gran portada del "Visca España" de cuando el gol de Puyol a Alemania.

Fragmento de la sorprendente portada de AS.

Del mismo grupo editorial, Prisa, resulta que el diario El País también ha sido prejuicioso con Cataluña. Así, en su artículo de hoy, la Defensora del Lector de este periódico, dice: "El siguiente error incide sobre otro prejuicio basado en premisas falsas. En la sección de Cataluña del martes 24 de agosto se decía a cuatro columnas: "La Generalitat recuerda que rotular en catalán es obligatorio desde 1998" . Y en un despiece, se titulaba: "Las multas de 10.000 euros por los carteles en castellano entran en vigor" . Falso. La ley no establece multas por rotular en castellano. Los comerciantes pueden hacerlo libremente siempre que quieran. Lo que se sanciona es no hacerlo en catalán. Este titular abunda en la idea de que, a través de esta normativa, se persigue al castellano en Cataluña. Josep Gómez Roso, de Vilanova i la Geltrú, escribe: "Si bien en el texto se aclara que las multas son por no rotular al menos en catalán, el mal ya está hecho: los catalanes, de nuevo contra España, multan por rotular en español, etcétera, cuando no es cierto". Oriol Güell, responsable de la sección de Cataluña, reconoce que el titular era incorrecto".

Pero no puedo finalizar sin recordar que como periodista uno debe tratar con todo el mundo, para obtener información, y por tanto se encuentra con hechos y opiniones desagradables sobre Cataluña en un lugar tan alejado de allí como la Costa del Sol. Hace unos días me vi, separadamente, con un empresario, un abogado y el ex director de un periódico local. Uno de ellos, desconozco si alguna vez habrá estado en la región, pero tenía una opinión muy negativa acerca de Cataluña y de los catalanes. Hasta el punto de que deseaba la independencia de Cataluña, pero para librarse de ella, y al punto de comprar en cierta cadena de supermercados, seguro de que los productos que en ella se ofrecen no son originarios de Cataluña. Para que vean. No sé qué le habrían hecho los catalanes pero debió ser algo terrible. Yo, en este punto, y ya para concluir, debo repetir un planteamiento ya citado aquí otras veces que he hablado de Cataluña: que aun entendiendo que una parte muy importante de sus habitantes desea desligarse de España, a mí me causaría un hondo pesar que tal circunstancia llegara a producirse, por tener amistades allí y por la admiración que me producen el carácter emprendedor, la cultura y el arte de este territorio.

Y por cierto, ningún favor le hace a la reputación de Cataluña que el máximo candidato a próximo presidente de la Generalitat vaya a publicitarse a una de esas boñigas que emite Telecinco.

Y ahora espero me sepan disculpar si no actualizo en un par de días, que entradas como ésta consumen muchas energías.