jueves, mayo 01, 2014

El viento se levanta

Ayer fui a ver "El viento se levanta", la última película de Hayao Miyazaki, como director y guionista. Las críticas decían que o bien se apreciaba el mensaje antibelicista o todo lo contrario. Yo creo que sí. Se le reprochaba a Miyazaki no haber sido más explícito en ese posible mensaje, pero habría que pararse a pensar si simplemente el alma mater de Ghibli no quería entrar en juicios de valor, y dejar ese tema al criterio del espectador, o si no le dio tiempo de incluirlo. La película dura 126 minutos, aunque he de decir que no se me hizo larga. Quede claro que es para niños a partir de siete años, aunque en las taquillas del cine figurase como "apta". La película está distribuida por Vértigo Films, y les reprocharía la falta de subtítulos para algunas frases en italiano y francés, y, sobre todo, en alemán, lo que incluye una canción que por suerte IMDb dice cuál es, 'Das gibt's nur einmal', de una película de 1932. Por si alguien quiere buscarla.

Si no la has visto aún, no sigas leyendo porque a partir de aquí hablo del argumento.

Después del visionado, me he puesto a buscar más datos, y me parece que en Ghibli han querido hacer dos películas en una y se han equivocado. No solo por la longitud del metraje, sino porque la historia de amor no acaba de estar bien resuelta, incluso metida con calzador. Por una parte está la historia real del ingeniero aeronáutico Jirô Horikoshi, y por otra el relato escrito por Tatsuo Hori, que está ambientado en un sanatorio para mujeres enfermas de tuberculosis, como Nahoko, la enamorada de Jirô. Las dos historias se habrían podido contar perfectamente por separado, en mi opinión. Una historia solo para honrar al ingeniero y otra solo para la historia de la chica y la tuberculosis. Pero están las dos, y claramente la parte amorosa es secundaria en la historia. El final de la película, muy poético, parece algo precipitado.

No es nuevo el recurso de Miyazaki a la tuberculosis (he leído que su propia madre la tuvo), porque ya la sufrió la madre de las niñas en 'Mi vecino Totoro', y debe ser lo que le atrajo de la novela. Tampoco su pasión por la aviación, ya plasmada en 'Porco Rosso'. ¿Y el habitual canto a la naturaleza? Bien, pues aparte del recurso al terremoto, que vendría a decir una vez más que el hombre está indefenso ante el poder de la naturaleza y que hace mal en desafiarla, tenemos una de las escenas finales con un campo repleto de restos de aviones, destrozados y desperdigados. El ingenio del hombre, las máquinas, derrotadas. Convertidas en simple chatarra. Inservibles.

En cuanto al mensaje antibelicista, en mi opinión queda claro a lo largo de toda la película. ¿Por qué hay un momento en que el protagonista y su amigo, también ingeniero, dicen que ellos solo se dedican a diseñar aviones, y no se sienten responsables del uso que se haga de ellos, del cual son plenamente conscientes? Bien, pensemos que Miyazaki no ha querido poner en sus bocas cosas que los personajes reales no hubieran dicho. El pensamiento del personaje de Caproni, el de Horikoshi o el de muchos alemanes que contribuyeron a las escaladas bélicas de sus países es el mismo y el que se les echa en cara: que siguieran haciendo su trabajo sin plantearse moralmente su responsabilidad en lo ocurrido. Si lo piensas, en caso de que se hubieran negado a hacer su trabajo lo más seguro es que los hubieran asesinado y otros hubieran ocupado su lugar. En aquel tiempo todas las empresas de los países del Eje contribuyeron a aquello y muchas aún existen, como las dos que aparecen en la película, Mitsubishi y Junkers. Sencillamente, quizá, les ocurrió como a Horikoshi. Se resignan a hacer su trabajo. Tanto él como su compañero Honjô tienen asumido que Japón va a entrar en guerra, y dan por hecho que va a ser un desastre y que su país va a ser derrotado. En la conversación entre el protagonista y el espía alemán, también éste lo deja claro, al decir que hay que parar los pies a Hitler. La guerra es inútil y solo lleva al dolor y a la frustración. Quizá no sea explícito, pero sí se deja caer más de una vez. Miyazaki mismo dice, en una entrevista, a propósito del uso de la energía nuclear, que en la vida no todo es tan fácil como marcar blanco o negro en una casilla.

En una escena se ve a un banco quebrar y a los clientes tomarlo al asalto para tratar de recuperar su dinero. Nada muy distinto de lo que hemos vivido hace nada y aún no ha terminado.

La canción principal de la película le va como un guante, y la letra evoca con claridad a la situación de la chica enferma de tuberculosis, creo. Puedes ver una explicación aquí, y dos vídeos con la letra subtitulada en inglés y español.

De nuevo, la autoexigencia del trabajo artesanal de Ghibli, de no hacer animación en 3D, nos brinda un color y unos paisajes de ensueño. Portentoso trabajo artístico como de costumbre.

No es la película perfecta de Miyazaki. Mononoke y Chihiro están en otro nivel. Sí es la última, como no se ha cansado de repetir. Así que lo que corresponde es disfrutarla, y revisitar todo su trabajo. No sé si su hijo Gorô tendrá muchas ganas de sucederle, pero yo creo que quien sí llevaba camino de ser su relevo era Satoshi Kon, que por desgracia se marchó demasiado pronto, pero dejando tras de sí trabajos excelentes.

Algunas entrevistas, aparte de la ya citada líneas arriba:

LeJDD, 2014: http://www.lejdd.fr/Culture/Cinema/Miyazaki-Mermoz-et-Saint-Exupery-m-ont-fait-aimer-les-annees-30-649245

Libération, 2014: http://next.liberation.fr/cinema/2014/01/10/j-aspire-toujours-a-une-societe-plus-juste_972054

Asahi Shimbun, 2013: http://ajw.asahi.com/article/cool_japan/movies/AJ201308040009

Roger Ebert, 2002: http://www.rogerebert.com/interviews/hayao-miyazaki-interview

Midnight Eye, 2002: http://www.midnighteye.com/interviews/hayao-miyazaki/

domingo, marzo 23, 2014

Un sueño

Año 1991. Clase de educación física, octavo de EGB, en el patio.

Paso junto a mi compañera y amiga Yolanda, y me dice que le duele la cabeza.

Cuando estoy a punto de quedarme junto a ella para preguntarle cómo está, el profesor nos llama para que le atendamos, y dejo a mi amiga.

Yolanda se tuvo que ir a casa.

No volvió hasta bastante después (fecha indeterminada), sin pelo y con una gorra cubriéndole la cabeza. Tenía leucemia. No recuerdo haber hablado con ella aquel día, si es que lo hice. Solo vino ese día. 

Llegamos al (creo) 31 de enero de 1992. Cuando va a empezar la primera clase, nos dicen que Yolanda ha fallecido. Ni fui al entierro ni al funeral porque no tenía ni idea de cómo ir ni a dónde, ni me pude despedir de ella.

Siempre he pensado que hice mal no quedándome junto a ella aquel primer día en que le empezó a doler la cabeza.

Años más tarde, tuve un sueño.

Yo subía a un autobús, y la única persona con forma definida dentro del mismo era Yolanda. Me habló y me dijo que no me preocupara, que yo no tenía la culpa de nada.

Solo tuve ese sueño una vez. Aún me acuerdo de ella. Y del sueño.

Con el paso de los años, he perdido a dos amigos más, que yo sepa. Un amigo del instituto murió en un accidente de moto. Una amiga que hice en un curso de FPO se fue un día, de repente, de la noche a la mañana, de un ictus.

Y me da mucha pena, no el no haberme podido despedir de ellos, porque ambas muertes fueron inesperadas, pero sí el no haber tenido un trato más fluido con ambos. Desde la última de esas muertes, eso es algo que intento corregir. No sé si perderé a más gente, pero no quiero volver a tener que arrepentirme de no haber mostrado lo suficiente a una persona cuánto me importa o importaba. Así que si de repente veis que me pongo muy pesado ya sabéis por qué es.