jueves, junio 10, 2010

Un país en decadencia

O decadente o en descomposición, como prefieran. Un presidente del Gobierno y un líder de la oposición de los que una gran mayoría de españoles encuestados querrían que no se volvieran a presentar a las elecciones, con credibilidad nula incluso entre muchos de sus propios votantes y simpatizantes. Un Consejo de Ministros con dos o tres protagonistas mediáticos, muy activos y lenguaraces, alguno sin carrera universitaria, y la mayoría abrumadora de los demás ministros, o habiendo demostrado su incapacidad o absolutamente desaparecidos. Algunos que ya se sabía desde su nombramiento lo inútiles que iban a ser y otros que se pensaba (yo por lo menos) que iban a hacerlo medio bien y resulta que toman decisiones absolutamente injustas y que perjudican a los más desfavorecidos. Una primera fuerza de la oposición destructiva y nada constructiva dedicada a tapar sus propios escándalos. Unos sindicatos anquilosados, atrapados en el pasado, y absolutamente sobrepasados por la situación, que van de fracaso en fracaso hasta la derrota final. Un presidente de los empresarios que lleva a sus empresas a la ruina y a sus trabajadores al paro y al que Gobierno y sindicatos han seguido considerando interlocutor válido. Una justicia lenta e injusta. Un poder judicial que emana del Franquismo y que hunde a un juez que estaba tratando de desemborronar nuestro pasado reciente. Un Tribunal Constitucional que tiene al Estatuto de una comunidad autónoma clave durmiendo el sueño de los justos desde hace cuatro años. Pero no pasa nada, en cuanto empiece el Mundial de fútbol el Gobierno espera que entremos en un momentáneo letargo y los "curritos" nos olvidemos de todo por un rato. Que el PSOE haya tenido que darse respiración asistida en un acto por sus cien años de parlamentarismo resucitando a Felipe González... Dicho lo cual, todos, PSOE, PP, CGPJ, TS, TC, UGT, CCOO y CEOE, se tendrían que ir a su casa y no volver.

domingo, junio 06, 2010

El barómetro de El País

Sacan uno de estos cada mes, así rellenas. Como siempre, olvídense de ver la estimación de voto de los otros partidos que no sean PP y PSOE. Por mucho que se escude El País, este fomento del bipartidismo, de ahondar en la desaparición mediática de las demás fuerzas parlamentarias, me parece intolerable. Dice, en suma, lo que todos desde hace un par de semanas: que el PP está ganando de calle si no lo estropea, y ni siquiera sé si una eventual salida de la crisis salvaría al PSOE: demasiados errores y rectificaciones, muchos cambios de postura y muchas decisiones mal explicadas o directamente sin explicar, ahondando en el desánimo y el desencanto de su electorado. No en vano indica en portada (y en la edición impresa, supongo, en la digital no aparece) que la distancia de 10,5 puntos de ventaja del PP "en parte se debe a la caída en la fidelidad de los votantes socialistas: sólo un 41% de quienes votaron en 2008 [se supone que al PSOE, no aclara si se refiere simplemente a "ir a votar"] tiene ahora intención de volver a hacerlo (...)". También dice que los encuestados no quieren elecciones, sí cambios en el Gobierno, y que por primera vez hay más ciudadanos que desaprueban la gestión de Zapatero que los que rechazan la de Rajoy, una falta de confianza en el presidente del Gobierno que también es mayoritaria entre los propios votantes del PSOE. Es significativo que un 77% no quiera que ni Zapatero ni Rajoy repitan, y, dentro de los votantes del PSOE, de forma significativa, que sólo un 35% quiere que repita. Lo que ya dije: un lastre, un peso muerto. Aún así el PSOE puede ganar las elecciones porque el de la silla de enfrente es muy blandito, dicho incluso por votantes y simpatizantes del PP.