domingo, diciembre 26, 2010

Dos ministras

Ángeles González-Sinde, en El País, dice confiar en que se aprobará la famosa disposición final que lleva su nombre. Va en la parte inferior derecha de la portada impresa. La entrevista no tiene desperdicio de lo mala que es y por todas las falacias que suelta. Quedémonos con esta perla: "Los hay que apoyan el Creative Commons o el copyleft. Me parece bien, pero también me parece que hay que poder elegir". El Creative Commons está precisamente para que los autores puedan elegir, ministra. Tampoco queda muy bien que usted diga que respetaría la posible decisión de Fernando Trueba de hacer objeción fiscal. Y desde luego, lo más grave es que usted, en vez de tomar partido por los ciudadanos, lo haga por un "lobby" de presión. Como bien explica hoy Josep Ramoneda precisamente en El País. No irán a dudar los "creadores" de un señor que dirige el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, ¿verdad? ¿O sí?

Pero en Público dice, por el contrario, que "Para sacar una ley maltrecha, es mejor esperar y seguir debatiendo" y asegura que "estamos en otra fase del debate: habrá que escuchar todas las voces". ¿En qué quedamos?

No olvidemos que ella es la autora de las célebres frases "Mozart vivía en la miseria por no tener derechos de autor" y "¿Para qué queremos Internet a no sé cuantos "gigas" para leer el correo electrónico?". En Público hay hoy dos opiniones absolutamente antagónicas en cuanto a los derechos de autor, las de Juan Varela y Juana Salabert. No como en El País hace unos días, que eran veintidós contra dos. No sólo es que yo esté de acuerdo con Varela, sino que el texto de Salabert está movido por la ira, el odio, la inexactitud, la demagogia y el insulto barato. Qué gran verdad esa de que en España se cree que por gritar más alto y soltar más improperios se tiene más razón: esta señora lo ejemplifica de sobras. Como Alejandro Sanz, por cierto.

La mitad de la portada de Público es para Trinidad Jiménez, pero ella sola se merecería una entrada aparte. En este Gobierno las estupideces las reparten a pares. ¿Cómo se puede sentir a la vez defensora del oprimido y simpatizante del opresor? Pues sí. Suponemos que el cargo obliga a ser equidistante, pero entre que ella reclamase la libre autodeterminación para el pueblo saharaui en 2003 (vídeo y foto) y que el PSOE apoyase la solución autonomista que sugiere Marruecos nada más llegar al Gobierno va un trecho demasiado largo. El titular completo de la entrevista es "He defendido al pueblo saharaui y me siento también muy cerca de Marruecos".

La ministra de Asuntos Exteriores ha concedido otra entrevista, a ABC, y si bien por un lado expresa su deseo de que se reconozca al estado palestino (cal), por el otro vuelve a demostrar su merma en lo relativo a la cuestión saharaui (arena), al afirmar que "Marruecos es uno de los países del Magreb que han tenido un desarrollo más avanzado en el ámbito democrático y de los derechos humanos". ¡Pero oiga! ¡Que tienen a los periodistas críticos en la cárcel y a los españoles o los apalean, o los expulsan o no los dejan entrar! ¡Que su "sistema democrático" es una pantomima porque el Gobierno lo designa el rey! ¿Pero qué me está usted contando?

Quede clara una cosa: cuestiono la idoneidad de estas dos personas en tanto que ocupantes de un cargo de tanta responsabilidad como un Ministerio, y en ambos casos demuestran que les viene demasiado grande. Que sean mujeres no guarda relación con esta crítica. Tampoco me gusta un pelo el ministro de Fomento pero, vaya qué casualidad, desde el puente de la Constitución no ha vuelto a abrir la boca.

Y si resulta que ambas señoras sí son inteligentes y todo esto que dicen lo proclaman por las circunstancias debidas a sus cargos, habrá que concluir que se necesita muy poca ética, o renunciar a la que se tiene, para ser ministro. O ser maestros en el arte de la mentira. Así que supongo que yo nunca podré ser ministro, por ejemplo.

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