martes, marzo 30, 2010

Alegato

Parece que hay quien cree que me encanta echarle al PSOE y al Gobierno la culpa de todo. Pues está equivocado conmigo de pe a pa. Se ve que voy a tener que explicarlo otra vez. Si normalmente has estado votando a un partido, y una vez dicho partido llega al poder, toma decisiones que crees injustas, que perjudican al país más que beneficiarle, y por tanto crees que este partido está tirando tu voto a la basura, lo suyo, por coherencia, es criticar esas medidas injustas y renegar de dicho voto. Ahora mismo estamos asistiendo a un nuevo despropósito con las medidas contra la crisis. Si son tan necesarias, no se entiende que ahora esperen a aprobarlas hasta después de Semana Santa. Si todos las han dado por buenas en su mayoría, que se lleven directamente a aprobarlas al Congreso: para eso no hacían falta ni reuniones ni pactos de ningún tipo. Si el Gobierno lo que busca es la foto, se equivoca. Y se equivocará quien se preste a posar en ella. Y además, lo que necesita nuestra economía son medidas estructurales, no parches.

Esto de la flagelación (ya que estamos en esta semana) y la autocrítica es algo prototípico del votante de izquierdas, y además creo que es sano que tus dirigentes sepan que les has decepcionado. Esto raras veces pasa en el principal partido de la derecha -el centro no existe, recuerden-, el PP, con un votante muy fiel, inasequible al desaliento, ya que la intención de voto a este partido estamos comprobando como apenas se resiente a pesar de los casos de corrupción y tropelías varias. Yo ya he decidido que no votaré al PSOE en las próximas, pero tampoco votaré a un partido que permite a un eurodiputado aventurar sin pruebas que el Gobierno está negociando de nuevo con ETA, cuyo supuesto líder no se moja ni debajo del agua en cuestiones que considero importantes, o que mantiene en la comisión de Justicia del Congreso al ministro del Yak-42. En estos momentos mi voto oscila entre dos opciones posibles, ambas a la izquierda del PSOE.

Volviendo a las medidas estructurales, por supuesto nuestros empresarios abogan por una reforma laboral. Ni hablar de una reforma empresarial, del modo de gestionar las empresas. Nuestros empresarios tienen un modo de dirigir sus negocios mayormente arcaico (no hay más que ver quién preside la CEOE), pero los sindicatos no les van a la zaga. Los representantes sindicales, ya expresé que en mi opinión no están actuando correctamente. Igual es que UGT y CCOO temen perder esos chollos en forma de subvenciones y liberados sindicales. Ahora parece que andan buscando un acuerdo, sea el que sea, en el mal llamado 'diálogo social'. Véase la tira de ayer de Vergara en Público.

Es una pena que la CNT, que cumple 100 años, y que llegó a tener 2,5 millones de afiliados antes de la Guerra Civil, ahora apenas tenga unos 50.000. Una cifra similar a la de su escisión, la CGT. Sus dos secretarios generales fueron entrevistados para el suplemento Negocios de El Mundo, este pasado domingo. Sí, en El Mundo, una página y un tratamiento, a mi parecer, más que correcto. Incluso les dejan decir que la escisión de 1989 la achacan a las intrigas del Estado (gobernaba el PSOE), de UGT y de CCOO. O el caso del incendio de la sala Scala de Barcelona en 1978, por la que CNT vio como se daban de baja hasta 100.000 afiliados en la Ciudad Condal pero por el que finalmente fue condenado un individuo que confesó haber sido captado por los servicios de información (era confidente de la Policía) para infiltrarse en el sindicato. CNT no levantó cabeza y hoy no hay quien tosa a UGT y CCOO. Hasta Cándido Méndez dicen que se ha convertido en asesor económico del presidente del Gobierno. CGT recibe, según se indica en el reportaje, 50 euros de subvención por delegado, solo el 10% de sus ingresos. CNT no participa en las elecciones sindicales, rechaza los comités de empresa y se mantiene en exclusiva a partir de las cuotas de sus afiliados.

El mismo suplemento económico de El Mundo denuncia que, mientras desde el Gobierno central se demanda austeridad, las autonomías mantienen hasta 5.000 entes públicos de la más diversa índole. Estas administraciones han aumentado un 61% sus entramados empresariales en los dos últimos años, en plena crisis. Y ya sabemos a quién se suelen adjudicar los puestos directivos en las mismas y mediante qué método "digital". Explica el redactor del reportaje, Francisco Núñez, que las cuentas de estas empresas están fuera de control, su déficit y su deuda no computan, y dan empleo sin oposición. Como ejemplos, la Junta de Andalucía tiene participación en una sociedad pública para productos de marroquinería, en una de apartamentos de hotel o en una de corchos de vino. Asturias cuenta con una de fabricación de cuchillos, Cantabria un casino, Cataluña una productora de cine, la Comunidad Valenciana una conservera o Baleares un matadero. Y casi todas tienen su radio, su televisión, o ambas cosas, en la mayor parte de los casos para propagar por las ondas su ideario ideológico y sus bondades (y las maldades del adversario). El Estado las tiene a través de la SEPI, y también muchos ayuntamientos. También hay consorcios y fundaciones, todas estas entidades con una alarmante opacidad contable: no consolidan la deuda en la contabilidad general, unos 47.000 millones de euros. ¿Qué tal si hacemos una limpia? Creo que si te metes en política debe ser porque quieres resolver los problemas de la gente y mejorar el bienestar de todos, no el tuyo, no para aprovecharte o hacer favores. Hablo de la política tradicional, porque hay otras formas de hacer política fuera de los partidos.

Otro desastre gubernamental es la implantación de la TDT, presentada hoy a bombo y platillo, ya que muchos no pueden permitirse la compra de los aparatos, hay pueblos donde no se han puesto antenas y están sin cobertura y otros usuarios que denuncian que por más que redirijan la antena, no pillan la señal, afectados por zonas de "sombra digital". Justo cuando crecen la televisión por Internet y la banda ancha, según nos resume Juan Varela en Periodistas 21. Él nos ha venido recordando los pros y contras de la TDT en varias entradas a lo largo de este mes. El día 11, en una entrada centrada en el Consejo Audiovisual Estatal, del que duda que vaya a ser efectivo, ya decía que "la televisión del futuro es la multiplicación de canales y la oferta por banda ancha, fija y móvil". El día 13 nos recordaba que, frente al orgullo mostrado por el Gobierno, hemos pagado un enorme sobrecoste por la implantación de esta tecnología, que califica de "efímera, sin suficientes posibilidades de desarrollo, interactividad o servicios". Y apostaba por la banda ancha y las líneas de nueva generación, como hace ahora la FCC estadounidense. Y todo esto sin mencionar la ínfima calidad de los canales en abierto de ámbito nacional en TDT. Varela volvía sobre la cuestión el día 18, aportando que "la banda ancha en redes fijas y móviles es la infraestructura clave para una economía sostenible y una sociedad conectada" y que el apagón analógico, que según Industria ha costado 12.000 millones de euros, nos puede salir aún más caro de lo que pensamos. En su última aportación hasta el momento, del día 26, denunciaba que "Las televisiones ya tienen su dividendo digital. El apagón analógico permite al gobierno adjudicar un múltiplex completo -cuatro canales de TDT- a todos los canales nacionales y dos múltiples para RTVE y las emisoras autonómicas. Precio: resintonización de canales para todos y a reantenizar una gran parte de los puntos de recepción. Los ciudadanos pagan el sobreprecio de una transición a la TDT demasiado apurada y muchas veces errática". ¿De qué éxito pueden presumir el ministro de Industria o el secretario de Estado de Telecomunicaciones?

Retomando el tema del principio, mis filias y mis fobias, tengo varias, unas declaradas y otras no. Entre las fobias declaradas se encuentran la religión (en casi todas sus formas y manifestaciones, incluyendo la Semana Santa) y las corridas de toros. No es que me guste hablar de mí mismo, nada más lejos de la realidad y quien piense otra cosa está muy equivocado. Es que una persona que se supone es amiga mía me ha dicho que si le echo la culpa de la Semana Santa al Gobierno. No sé si calificarlo de estupidez, si de acto de demagogia o de simple ignorancia. La Semana Santa, por mucho turismo que atraiga, es un anacronismo propio de un país muy atrasado. Otra muestra es la exagerada importancia que nuestros medios de comunicación le dan a todo lo relacionado con la religión católica, por mucho que se suponga que no tenemos religión oficial y aun siendo abominables los casos de pederastia (ver tira de Manel Fontdevila). La religión solo trae problemas. ¿Quién se ha sabido que quería atentar contra Barack Obama? ¿Al Qaeda? No: extremistas cristianos, con un arma en una mano y una Biblia en la otra. La Semana Santa no es culpa del Gobierno, pero sí lo es darle a la Iglesia Católica 6.000 millones de euros anuales en diversos conceptos, aparte de lo que ya recauda vía casilla del IRPF. Resulta que escribí en mi actualización de Facebook y Twitter que no me gusta cómo los "capillitas" (devotos de la Semana Santa en jerga malagueña) se adueñen de las calles de las ciudades por una semana. Y vaya, parece que haya pulsado un botón rojo. Que no te puedes meter con la semana de marras. Y que yo no puedo escribir lo que me venga en gana en mis perfiles de redes sociales, sino lo que a otros les parezca bien, no sea que se molesten. Otro amigo mío se llevó las manos a la cabeza hace unos años cuando le dije que las imágenes me parecían "simples maderas pintadas". Pues oye, es mi opinión. Y al que no le guste que no mire.

Ayer hubo debate sobre las nuevas apuestas de periodismo en Internet, en el programa Hora 25 (acceso al audio) de la Cadena Ser. No, no estaba la Barceló, estaba Javier Casal, por fortuna. Extraigo dos frases de los invitados. Javier Bauluz (Periodismo Humano): "La información no es una mercancía cualquiera, sino que (...) es más bien un derecho y un bien público". "Como periodista soy muy egoísta, lo que quiero es escribir las historias que me apetece escribir" (Ramón Lobo, sobre su blog). Y exactamente lo que dice Lobo es lo que yo hago. ¿Debo ser políticamente correcto, o sea, no mojarme ni debajo del agua, y dejar de lado lo que opino sobre los toros o la Semana Santa? ¿Se debe ser tolerante -políticamente correcto- con aquellos que, por definición, no lo son? Pienso que no, y que es necesario posicionarse. A propósito de Periodismo Humano, hoy lleva en portada el lucrativo negocio de venta de armas, desde España, autorizada por el Ejecutivo, a países convulsos o en guerra larvada. Por ejemplo Marruecos.

Al menos yo, con estas cosas, no pienso ser políticamente correcto porque opino que no es posible serlo. En el caso de la Semana Santa, bien si piden permiso para procesionar y se les conceda, pero si han de pagar alguna tasa por ocupación de la vía pública, que no lo sé, que la paguen si la hay. Que no se les exima de ningún impuesto. Que no se les den más favores en forma de subvenciones que a otros que lo necesiten más. Y que si un ayuntamiento es una institución civil, que no aparezcan los alcaldes encabezando las procesiones. En su edición del viernes 26, el periódico gratuito local "Vecinos de Benalmádena", esto es, de mi localidad, se hace una certera pregunta: "¿Cuántos dirigentes políticos de todos los niveles, de los que critican a la Iglesia Católica, veremos esta Semana Santa pegados a los tronos en solemne procesión y luciendo escapularios?" Seguro que a muchos, y eso tiene dos calificativos: hipocresía e incoherencia. ¿Y sobre los toros? Vean en el blog de Ignacio Escolar este vídeo de turistas australianos saliendo de la plaza de toros de Barcelona... después de descubrir en qué consiste realmente una corrida de toros.

No hay comentarios: