domingo, julio 26, 2009

Toxo pide un pacto de estado. Va listo el pobre.

El secretario general de CCOO, Ignacio Fernández Toxo, ha pedido un gran pacto de estado que incluya no sólo a empresarios y sindicatos, sino también a la clase política, en su intervención en el foro del diario El Mundo sobre el diálogo social. Sin que hayan faltado críticas a la actitud de la CEOE, Toxo acusa al Gobierno de poner en práctica medidas "cortoplacistas" en lugar de mirar más a largo plazo, aludiendo a que parte de las medidas emprendidas tienen un alcance temporal y limitado. Por ejemplo, ha cargado contra el Plan E, cuyos recursos, dice, "deberían dedicarse a un proyecto más global, más allá de levantar pavimentos, aceras y rotondas". El Plan E sólo sirve para maquillar las cifras el tiempo que duren las obras y alivia a un sólo sector, la construcción, copado por la mano de obra masculina. El Plan E no sirve pues para reducir el desempleo femenino. Toxo desvela además que, durante la firma del último pacto social, a finales de junio de 2008, "tuvimos un rifirrafe tremendo con el Ministerio de Trabajo por querer introducir la palabra 'crisis' en el texto". Algo lógico si tenemos en cuenta que el Gobierno se pasó toda la campaña electoral negando su existencia.

Mi opinión es clara en este asunto: Toxo le pide peras al olmo. A Zapatero no le interesa para nada un pacto de estado, quiere todo el mérito de un posible éxito para él. Y mira que le han pedido que lo haga (el pacto). Pero no quiere estropear una buena foto. Hasta el punto de acusar a la patronal de actuar "en connivencia con el PP" para hacer fracasar las negociaciones, según la versión de El País. Rotativo que este domingo publica una entrevista con el presidente de la CEOE, Díaz Ferrán, después de que ya hiciera declaraciones a El Mundo. Si el viernes el presidente de los empresarios dijo mostrarse decepcionado con la actitud de Zapatero, hoy espera que "se le pase pronto el berrinche" al inquilino de La Moncloa. Uno de los vicepresidentes de la CEOE va más lejos y califica de "violenta" la reacción de Zapatero. Hombre, si lo comparamos con su mojigatería habitual, entonces sí. Será que es un "gremlin" y el otro día comió después de medianoche.

Vamos a analizar un poco más la actitud de Zapatero y el Gobierno, dejando de lado a sindicatos y empresarios. Recordemos que, de los tres agentes implicados en la negociación, el único que puede tomar decisiones es el Ejecutivo. Que durante todos estos meses se ha desentendido del proceso y que sólo se ha incorporado al final, en las últimas dos semanas, cuando lo ha visto todo perdido, cuando en realidad el estancamiento de las negociaciones era una evidencia para todos desde hace ya tiempo. Al final el Gobierno va a tener que tomar decisiones, extremo al que todas luces se ve que no quería tener que llegar. Y por último, Zapatero vuelve a ser esclavo de sus palabras, puesto que en su momento se negó a que hubiera reformas laborales, por más necesarias que fuesen y aunque se las reclamasen desde sectores de su propio partido o desde dentro del Gobierno. Ahora tiene que cumplir su palabra y negarse a todo. Algunas de las personas que han pedido reformas en el sector son el ex ministro socialista Jordi Sevilla o el secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa, que firmó el llamado "Manifiesto de los 100" antes de su nombramiento. Y resulta evidente que España sí necesita reformas estructurales, tanto para combatir el paro como para reducir el elevado número de contratos basura y de empleos temporales. ¿Cómo pretende Zapatero crear un nuevo "modelo económico sostenible" sin emprender una sola reforma? Basta con asociar de forma maliciosa y demagógica las palabras "reforma laboral" con éstas otras: "pérdida de derechos de los trabajadores" y "despido libre". Una reforma del mercado laboral no tiene necesariamente que conllevar esas consecuencias pero es una buena excusa para hacer aparecer ante la opinión pública a la CEOE como los malos de la película.

Por último, Elena Salgado es entrevistada por Público. Aparte de repetir la consigna: "la actitud y los planteamientos de la CEOE han hecho que hoy por hoy ese acuerdo (el "diálogo social") sea imposible", resultan frustrantes sus negativas ante las propuestas de reforma laboral y de reducción de la temporalidad. Tiene además toda la caradura de reconocer sin despeinarse que durante todo 2010 estaremos por encima de los cuatro millones de parados. Lo malo es que no deja entrever ninguna idea consistente para reducir la cifra. ¡Igual es que no tiene ninguna, ojo!

En la parte más personal de la entrevista, tenemos la constatación de una verdad anunciada a gritos. Elena Salgado fue nombrada ministra de Economía porque Pedro Solbes se negaba a dar el visto bueno a unas medidas que iban a llevar a España a un déficit en las cuentas, a la pérdida del superávit y a endeudarse a costa de dar más dinero a las comunidades autónomas. Y es que el titular de esta segunda parte de la entrevista es de una claridad meridiana: "Nunca le he dicho que no a Zapatero". Gracias, ahora ya estamos seguros de por qué la nombraron. Ha confirmado las sospechas. No hay más preguntas señoría.

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