viernes, julio 10, 2009

Prisa, tenemos un problema

Hace unos días hablé del proyecto Gran Scala en los Monegros porque El País sacaba un artículo al respecto donde el redactor, hablando a las claras, ponía a parir la idea.

Ahora uno de los socios promotores del proyecto, con el cual habló el periodista que firma esa información, manda al periódico una carta en la cual cuestiona la orientación del titular, la manera de obtener algunos de los datos que ilustran la noticia y la (¿he de suponer que intencionada?) ocultación de otros, muy relevantes algunos de ellos.

Visto lo cual, ¿por qué el redactor de El País oculta y tergiversa datos y escribe un artículo denostando claramente el proyecto?

Esa carta fue el jueves, hoy viernes hay otra más defendiendo el proyecto. Argumenta, no sin razón, que la situación económica de Aragón requiere de este tipo de inversiones.

El caso es que, dejando de lado las sempiternas cartas de protesta del embajador de Israel acusando a El País directamente de antisemita (se deben creer intocables), las cartas al director de este periódico, repasadas, vienen a corroborar una peligrosa tendencia descendente en la calidad de sus contenidos, así como en la línea editorial y respecto a las mínimas comprobaciones de datos y fuentes que se le exigen a un periodista, al menos lo que se le pide cuando está estudiando la carrera. Este declive lo he venido apreciando más en unas secciones que en otras, destacando Cultura y Tecnología.

Pero los últimos deslices le vienen desde Internacional, Política y Energía. Empezando por esto último, en la cabecera de Prisa se ha venido repitiendo hasta la saciedad que José María Aznar fue el responsable del cierre de la central nuclear de Zorita (de verdadero nombre, José Cabrera). Desconozco si se pretendía atacar a la defensa que el PP viene haciendo de la permanencia de la planta de Garoña, pero lo sigo viendo contraproducente porque da la impresión de que Aznar era más ecologista que Zapatero. El caso es que El País ha metido la pata. Aznar no cerró Zorita. El que fuera presidente en aquel momento del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) ha escrito contestando que el cierre lo pidió el dueño de la central porque ya no le era rentable mantenerla si llevaba a cabo todas las reformas exigidas para que siguiera funcionando, tras la evaluación realizada por el CSN. O sea, que entonces se le hizo caso al organismo inspector y ahora no.

Otra salida de pata de banco de El País, plasmada en la carta remitida por el representante legal de Iniciativa Internacionalista: 'El día 1 de julio del presente año, en la página número 14 del diario EL PAÍS, aparecía una información firmada por José Yoldi, bajo el título Estrasburgo entierra a Batasuna, en la que se incluye el siguiente párrafo: "Ésta es la primera resolución que afecta a la aplicación de la Ley de Partidos, si bien, prácticamente todas las formaciones abertzales ilegalizadas posteriormente cuando intentaron presentarse a distintas consultas electorales han recurrido ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, como -lista de formaciones ilegalizadas que lo hicieron- (...) y, finalmente, Iniciativa Internacionalista-La Solidaridad con los Pueblos (II)"'. Resulta que II-SP no tiene planteado recurso alguno ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos sobre su legalidad, por tratarse de una coalición declarada legal por el Tribunal Constitucional, según Sentencia de su Sala Segunda, de fecha 21 de mayo de 2009.

Lo peor es que al final de la carta, que debería publicarse sin más, viene una apostilla realizada por el propio periódico: "En cualquier caso, EL PAÍS reitera, en la información que queremos rectificar con esta carta, su línea de tratar a II-SP como una nueva marca electoral de la izquierda abertzale, tal como en su momento planteó el Ministerio del Interior, teoría que el Tribunal Constitucional en una Sentencia, que ya en su momento valoramos como muy positiva, se encargó de desmontar". Creo que, honestamente, esto último no procede. Y no sé cómo vendría esa apostilla en la edición en papel, pero al menos en la digital no viene separada de la carta ni siquiera con diferente tipo de letra. Dicho lo cual, las normas del periódico deben de haber cambiado. Yo poseo la 15º edición del Libro de Estilo de El País (1999), y en el apartado 2.87 (Géneros Periodísticos, Cartas al Director) se dice claramente: "Nunca se apostillarán las cartas".

El tercer y último embrollo viene referido al tratamiento que el periódico le ha dado a la expulsión del presidente de Honduras, Manuel Zelaya, tras acuerdo del ejército, la Corte Suprema y el Parlamento de aquel país. Si tenían justificación fundada para hacerlo, no la han explicado bien y desde luego les han perdido las formas. Porque según uno de los miembros del Consejo Editorial de El Mundo, Jorge de Esteban, la decisión era ajustada a la Constitución vigente de este país centroamericano. Antes de despellejarme, lean su texto por lo menos. Y éste otro posterior de Felipe Sahagún en la misma sección. Aparte, me asaltan las dudas si a Zelaya lo apoyan personajes como Hugo Chávez y Daniel Ortega, qué quieren que les diga.

Volviendo al inicio, a las formas empleadas por El País, el aluvión de quejas de un lado y de otro ha sido tal que la ¿Defensora del Lector? ha tenido que dedicar al tema su artículo semanal. Reproduzco y comento fragmentos del mismo:

1) "El diario ha ofrecido una extensa cobertura informativa y ha publicado dos editoriales. El primero se publicó el sábado y era especialmente crítico con Zelaya. El segundo, publicado el lunes, condenaba claramente el golpe. Ambos han sido fuertemente contestados". Con uno diciendo blanco y el otro negro, o sea, sin línea editorial definida, me pregunto: ¿qué esperaba? ¿Flores y bombones?

2) "Por su parte, Carmen Arango ha remitido un largo escrito firmado por seis personas en el que, además de criticar que El PAÍS "minimizara lo que era un golpe de Estado de manual", consideran que se está produciendo un viraje en la posición del diario respecto de América Latina y expresan sus dudas acerca de si la línea editorial del diario está condicionada por intereses empresariales del grupo al que pertenece". Me parece recordar que se mencionaba como caso paradigmático de dicho viraje, en esa carta o en algún otro texto que leí, aquel famoso editorial del 10 de octubre de 2007, con motivo del 40 aniversario del asesinato de Ernesto 'Che' Guevara, bajo el título “Caudillo Che” y en el que ponía al guerrillero como unos zorros. En un artículo de Pascual Serrano vemos el mejor análisis sobre el cambio producido en el periódico sobre la percepción de esta figura histórica en el plazo de 10 años. Tampoco podemos pasar por alto la reproducción, en 2005, del fragmento de un libro de Álvaro Vargas Llosa (hijo de Mario) sobre la misma figura. El título es revelador: "Che Guevara, la máquina de matar".

3) El director adjunto responsable del área de Opinión, Lluís Bassets, responde que "El editorial no se precipitó", que "tampoco hubo cambio de línea", que "analizar los errores de Zelaya como se hizo en el editorial del sábado es perfectamente compatible con la condena de un golpe de Estado inconstitucional, como sí hizo en el del lunes" y que "no me -por él- parece justo que se lea el primer editorial como si se hubiera escrito después del golpe y sirviera para justificarlo". Hay que tenerlos cuadrados para justificar ambos textos a la vez sin inmutarse, eso desde luego.

4)
"Lo cual nos lleva a la reflexión que les proponía el pasado domingo: cómo abordar la creciente presión de sectores fuertemente ideologizados que, conscientes de la importancia que tienen los medios en la conformación de la opinión pública, tratan de modelar la percepción de la realidad por la vía de imponer la terminología más favorable a sus postulados". Sí, ya. Lo malo es cuando quien intenta modelar la línea editorial del periódico es el mismo dueño del medio. Porque, ¿hubiera cubierto igual El País el IX Encuentro Financiero Internacional Cajamadrid de no haber estado su director Javier Moreno y su consejero delegado Juan Luis Cebrián como ponentes?

5) "En todo caso, el diario no debe apartarse de su Libro de Estilo: "EL PAÍS se esfuerza por presentar diariamente una información veraz, lo más completa posible, interesante, actual y de alta calidad, de manera que ayude al lector a entender la realidad y a formarse su propio criterio". Ya, eso de puertas para adentro queda muy guay, pero dígaselo a Gabriela Cañas o Ramón Muñoz si tiene narices.

6) "El relato de los hechos debe ser la columna vertebral de ese esfuerzo. Y una clara separación entre información y opinión, como también establecen nuestras reglas internas". Uy, sí, ja ja, espera que se me pase el ataque de risa... Ya.

7) "Las crónicas interpretativas, al ser más subjetivas, se prestan más a incluir valoraciones personales y corren por ello un mayor riesgo de parecer parciales". ¡¡¡Anda!!! ¡¡¡No me diga!!! ¡¡¡Me acabo de enterar!!!

8) "Citar las fuentes da credibilidad a la crónica. No hacerlo incrementa la percepción de subjetivismo y parcialidad". Vale, dígame entonces por qué en la noticia (o algo que se le parece) sobre el juicio al dueño del portal infopsp sólo se citan como fuentes miembros de la parte demandante y no de la parte demandada, por no citar textos posteriores perpetrados por el mismo autor, o por qué éste sobre las descargas, según Enrique Dans, es tan "torpe, mal documentado, con un lenguaje inadecuado, espantosamente tendencioso desde su primer párrafo hasta el último", aparte de ser, como también dice, un indisimulado "publirreportaje" a favor de la arcaica industria de contenidos. Me limito a citar porque coincido.

Y por último, se ve que hay que inundar a El País de decenas de cartas sobre el mismo tema para que la Defensora se digne a tratarlo. Yo le escribí tres cartas sobre el tratamiento dado por su periódico a Internet, las descargas y la ministra de Cultura, y ni caso.

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