sábado, febrero 12, 2011

Catalunya no muerde

Se volvió a liar tras la reunión Zapatero-Mas en La Moncloa, en la que, ojo, no es que se le permitiera a Cataluña/ Catalunya endeudarse más (emitir deuda), sino también y quizá más relevante, refinanciar la deuda existente. Entre eso, que ya era bastante mecha, y las posteriores malas explicaciones, una vez más, del Ejecutivo socialista, volvió a arreciar la tormenta contra esta región (curioso que El País en un texto hable de "endeudarse más" y en otro de "refinanciar", no hay criterio). Y pasando por alto, más unos que otros, el detalle de que el Gobierno central le debe un buen dinero a la Generalitat (759 millones), que todas las transferencias que contempla el Estatut no están hechas y que el retraso de infrestructuras en esta comunidad sigue afectando al crecimiento económico de la misma, y por tanto de España en su conjunto.

Es grave que desde La Moncloa, ahora y cuando gobernaba el PP, no se pusiera más empeño en la puesta en marcha de infraestructuras clave en el entorno de dos importantes ciudades españolas: Barcelona, como motor económico por turismo e industria, y Málaga, sobre todo por el factor turístico en este caso. Ahora, la Ciudad Condal ha inaugurado una nueva terminal aeroportuaria, y Málaga está construyendo una segunda pista en su aeropuerto, tras haber concluido la ampliación de la terminal de pasajeros. Pero ambas ciudades aún necesitan más compromiso y realidades por parte de los gestores centrales.

El caso es que, ya digo, de nuevo Catalunya ha sido atacada. Las acusaciones del supuesto trato de favor no solo ha partido de las autonomías gobernadas por el PP, sino también de algunas gobernadas por el PSOE. Y eso que también Andalucía ha sido autorizada a emitir más deuda, por ejemplo. Algunos "barones", como Fernández Vara y Barreda, que este año tienen elecciones, parece que quieren despegarse lo más posible de la sombra de Zapatero, que al parecer ahora consideran perniciosa, cuando en otro tiempo la veneraban. Barreda, que se enfrentará a Cospedal por la presidencia de Castilla-La Mancha, ha vuelto a reiterar que el presidente del Gobierno no debería presentarse a la reelección. El PP tiene sobre si la espada de Damocles de la corrupción en Madrid, Valencia o Baleares. El problema del PSOE es otro: Rajoy no tiene carisma, cierto, pero Zapatero ha ido perdiendo a borbotones el que tenía.

Y de los catalanes se escriben y dicen muchas cosas, con o sin justificación, con o sin conocimiento de causa, con argumentos o sin argumentos. Claro que hay catalanes buenos y malos, como en todas partes. Y, como en todas partes, calificar a todos los catalanes por aquello que los catalanes más conocidos hagan o digan es un prejuicio erróneo y una injusticia. Es de suponer que la mayoría admira a personajes como Adrià o Ruscalleda, y que una minoría, ah la envidia, deporte nacional, les envidia. Que se respeta la seriedad y serenidad de Duran i Lleida, catalán nacido en Huesca (muestra de que uno no es de donde nace sino de donde se hace). Otros políticos catalanes, como Joan Herrera y Joan Ridao también son dignos de mención positiva, por cierto. Que se vitupera desde la derecha a Carod Rovira, Puigcercós o Laporta. Que gente como Sostres, Espada o Boadella despiertan pasiones encontradas. Que Joan Manuel Serrat es un genio al margen de toda etiqueta política que se le pueda o quiera poner. Que aunque uno no sea del F.C. Barcelona lo justo y necesario es estimar en gran medida el saber estar, dentro y fuera del campo, de gente como Guardiola, Xavi, Puyol o Piqué.

Pero yo, y hablo por mí a partir de ahora, conozco en persona a muy poca gente de Catalunya. En concreto a cuatro personas. Y por tanto lo justo sería y es que yo solamente hable de los catalanes y de lo que me parecen en función de lo que estas cuatro personas me transmiten. No en función de la imagen, muchas veces estereotipada y deformada, que de Catalunya y los catalanes me transmiten muchas veces los medios de comunicación. Igual que cuando en agosto estuve una semana en Barcelona y aquí les dije a ustedes que no tuve ningún problema y lo pasé muy bien. Y que mi deseo es regresar en cuanto me sea posible. Como dato añadiré que es habitual que vea por Internet algunos espacios de la primera cadena pública de la televisión catalana (TV3), o que, gracias a una de estas cuatro personas, tenga por costumbre escuchar cada sábado un programa de su radio autonómica (Catalunya Ràdio).

Estas cuatro personas viajan o han viajado (dos sobre todo) por diversos lugares de España o del extranjero. El cosmopolitismo de los catalanes, sus ansias de ver mundo, y la apertura de mentes que ello conlleva, son un hecho. A dos de estas personas las vi, no en su residencia natal cerca de Barcelona, sino en Benalmádena (aquí) y Torremolinos, adonde vinieron de vacaciones. A otra de ellas, en Granada. A otra, en Madrid. Y en todas las ocasiones yo acudí expresamente a donde estas personas se hallaban, para poder encontrarme con ellas. Es algo que he hecho por muy poca gente. Estas cuatro personas de las que hablo lo valían y lo valen. Alguna de estas personas es principalmente castellanohablante, otras, catalanohablantes, pero todas ellas son perfectamente bilingües, lo habitual entre la gran mayoría de los catalanes.

No les he preguntado jamás por su adscripción política, bien es cierto, entre otras cosas porque no me importa lo más mínimo. Lo que me importa de mis amigos/as es saber si están bien, qué les gusta hacer, qué hacen y qué puedo hacer por ellos/as. Y verles/as y estar con ellos/as dentro de lo posible. Algo complicado, dado que yo vivo en Málaga. Por suerte la telefonía e Internet ayudan a mitigar la distancia geográfica y a sentir más cerca a estas personas. Por estas personas haría el sacrificio que me pidieran. Son buenas amigas, son buenas personas, desde que las conozco he comprobado como siempre hacen frente a las adversidades, cómo se superan, cómo ponen al mal tiempo buena cara, sé que trabajan duro y se esfuerzan cada día, estoy muy orgulloso de conocerlas y ellas son la imagen que tengo de Catalunya. Y es la mejor.

Actualización de domingo. Artículo del 13 de febrero de Jordi Barbeta en La Vanguardia: Catalunya tiene los impuestos más altos de España.

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