domingo, enero 23, 2011

Un señor normal, que pide cosas normales

Vamos, yo mismo. No por estar desempleado (aunque haciendo un máster de lo mío) va uno a perder las convicciones. Como ser de izquierdas aunque el partido en el Gobierno se ha empeñado en que le tenga que dar mi voto a IU o a IA. ¿Voto inútil? Bueno, oigan, al menos sabré a quién y a qué le estaré dando el voto. Menos en las municipales de este año, ya que no me convence ninguno de los que se presentan. No es que yo sea ni un llorón ni un quejica por sistema. Tampoco soy de los que anda pidiendo perdón por cualquier cosa. De hecho hay cosas por las que uno jamás debería pedir perdón (como por ser como es, por ejemplo), aunque esa es otra historia. Sencillamente, aparte de otro tipo de acciones más enérgicas (mi voto o no voto, recogida de firmas, firma de manifiestos que se envían a veces a quien manda), ocurre que yo, para plasmar mis preocupaciones o para explicar muchas cosas de las que digo o hago, suelo hacer esto que ustedes ven: reflejarlas por escrito. Y poco me importa caer bien o mal. Es como mejor siento que puedo expresar estas cosas que pasan por mi cabeza. Dígase talento o dígase incapacidad para hacerlo de otra manera. Como por ejemplo, para decir que he hecho la apostasía y que quiero que España sea un estado laico porque para la Jornada Mundial de la Juventud, un acto de pura y dura exaltación de la fe católica, y un menosprecio a todos los que no la profesan, se pondrán al servicio de dicha causa de proselitismo siete ministerios y seis mil miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, y habrá desgravaciones fiscales para las empresas colaboradoras. Para más inri, sabiendo que cada año el Gobierno deniega solicitudes de asilo o simplemente deniega visados o entradas de personas en nuestro país sin motivo justificado, resulta que facilitará el visado, de forma gratuita, a todos los que asistan a estas Jornadas. También "claman en el desierto", por decirlo así, Rafael G. Almazán o Carlos Tena. Pedir que el Estado no haga estos ejercicios de servidumbre (a la Iglesia, a la banca, a EEUU) debería ser lo normal. ¿O no?

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