jueves, junio 24, 2010

No es fácil ser alcalde

Cuando te pasas tantos días sin escribir, la actualidad te adelanta. Que si Israel. Que si el PP diciendo que es el partido de los trabajadores y Cospedal con pañuelo palestino. Que si la reforma laboral. Que si el final, afortunadamente, de la presidencia española de la UE. Que si se retrasa la ley de libertad religiosa porque no se puede molestar al Papa para cuando venga de visita. Que si el PSOE vota en el Senado en contra de prohibir los velos islámicos pero que el PSC sí vota a favor de prohibirlos en varios ayuntamientos. Así que mejor voy a hablar de lo que supone ser alcalde de, por ejemplo, mi pueblo.

Viéndole se te quitan todas las ganas de ser alcalde. Se va de su casa temprano por la mañana y hay muchos días que no volverá seguramente hasta pasadas las cuatro o cinco de la tarde. Tan es así que en su casa le tienen preparada la comida con antelación para sólo tener que calentársela cuando vuelva. Eso todos los días, en su caso. En el mío, sólo a veces. Lo de este miércoles ya ha tenido que ser de lo peor, y no creo que ningún sueldo compense ciertas cosas.

Por la mañana ha estado en el Ayuntamiento el consejero de Deportes de la Ciudad Autónoma de Melilla, ya que desde aquí parte una de las regatas de aproximación para su Semana Náutica, a celebrar en agosto. El alcalde estaba en una reunión larga y a todas luces complicada, de la que sólo ha podido salir unos breves instantes para hacerse la foto protocolaria. Después ha vuelto al despacho. La siguiente visita era la de un arzobispo ortodoxo ruso. Una vez más, mi alcalde (no es que yo le votara, pero una vez que es el alcalde, creo que es el alcalde de todos) ha tenido que salir sólo para la foto y poco más. El recibimiento lo tuvo que hacer el teniente de alcalde más que el alcalde mismo. Teniendo en cuenta que el viernes hay pleno extraordinario con un único punto a tratar, creo que ya sé de qué iba la reunión tan importante.

A las nueve y media de la noche le teníamos procediendo al encendido de la iluminación de feria en el centro. Pero después ha tenido que recorrer varias calles de la parte alta del núcleo urbano para visitar las decoraciones y los 'júas'. Son como los ninots de las fallas pero más sencillos. Los muñecos, que normalmente representan a personas y escenas de la vida cotidiana, están rellenos de papel y paja, y hacen crítica social. Les puedes poner papeles con frases de lo que están diciendo. A medianoche del día de San Juan se queman. Todo ha sido un subir y bajar de calles hasta casi las doce menos veinte, que se ha marchado a reunirse con su familia antes del último evento del día. Pero es que como alcalde tienes unas obligaciones, no te puedes negar a un saludo, y ha tenido que pararse a saludar y hablar con todo el que se lo pedía. Encima, cada vez que se paraba en un sitio, tardaban milésimas de segundo en plantarle un vaso de vino o de cerveza en la mano, y tú no puedes sacar una foto del alcalde bebiendo alcohol, que da mala imagen. Pero es que tampoco había nadie al lado para írselos quitando. Y nada, el último acto del día para él era ir a la playa donde se ha lanzado el habitual castillo de fuegos artificiales. Yo sólo he seguido su actividad durante una parte del día, y estoy reventado, así que ni puedo imaginar cómo estará él.

Y la cosa sigue este jueves aunque sea fiesta, que a las doce hay misa y a las siete de la tarde procesión de San Juan, el patrón en cuyo honor se celebra la feria. Y por supuesto él va a tener que estar en ambos sitios. No sólo eso, porque tras la misa tiene que visitar los comercios que estarán abiertos para la feria de día y por la noche, poco después de acabada la procesión, tiene que ir al alumbrado del recinto ferial. El viernes "sólo" tiene cuatro actos, de los cuales yo supongo que estaré al menos en tres de ellos. Y la feria acaba el 29, así que... Y claro, a ver cuándo se coge vacaciones. La semana tan movida que está teniendo y lo que le queda. Lo dicho, que viendo su agenda a uno se le quitan las ganas de ser alcalde para los restos. Un abrazo, Enrique.

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